16:14.
A esta hora, hoy, jueves, cogí a mi gato e intenté descansar un poco, antes de
ir a clase de alemán a la Escuela de Idiomas.
16:49.
Me he dormido. Mierda, mierda, mierda y más mierda. Voy a hacer una piscina de
mierda. Me bañaré en mierda y me secaré en mierda.
Aviso
a mi madre (ella estaba dormida) para que me lleve, porque me suele llevar en
coche, y más hoy que no llegaba. Deprisa y corriendo vamos hacia el cochecito
(leré) y, entre pitidos y más pitidos de los demás conductores (es muy mala
conduciendo, y más para sacar el coche de un aparcamiento paralelo) conseguí
llegar a la Escuela a tiempo.
17:00.
Abro la puerta de la Escuela, que mira que cuesta, y me encuentro a todos los
de mi clase frente al tablón de anuncios.
-
¡Oh Dios, qué bieeeen! – oí decir a una chica.
-
Pues me voy a la fiesta entonces, no sé qué cojones
hago aquí… - dice el machote del grupo.
- …
Ya podría haber avisado, me he perdido media hora para venir y otra media para
volver, joder. – decía el rumano (sí, hay un rumano, el mejor de la clase).
-
¡¡Esta tarde de descanso, que no tengo deberes!! – se tiraba la tía de antes
que mencionó a Dios al ver que entraba su amiga por la puerta, que venía detrás
de mí.
Cuando
la gente comenzó a darse cuenta de que no eran transparentes y no se veían las
cosas a través de ellos, conseguí leer el papelito que estaba colgado en el
tablón de anuncios.
“El profesor que imparte alemán no ha podido venir por
cuestiones médicas”.
Toma.
Toma ya. Me giré para abrir la puerta y, justo entonces, caigo en la cuenta de
que mi madre ya se ha ido. Mierda,
mierda, mierda y más mierda.
17:05.
A esta hora ya había llamado a mi madre dos veces. Pero no contestaba.
¿Y ahora qué demonios hago? Vaya caminito me esperaba hasta llegar a casa si tenía
que ir andando… Mientras dos personitas se limitaban a mandar y mandar mensajes
por whatsapp, yo todavía seguía debatiéndome entre volver a llamar a mi madre,
o empezar a andar. O las dos cosas, qué hostias.
17:25.
Qué calor. Y encima por ese camino que da el sol de cara, ahí como en el
desierto. Y yo cargando con la mochila y con el abrigo. Estaba pasando por la
Universidad Rey Juan Carlos cuando me doy cuenta de a qué fiesta se refería el machote de alemán. No sé qué celebrarían,
pero ahí estaban con un ambiente que me daban ganas de entrar hasta a mí. Vi
salir a una chica con un vaso de… ¿cerveza? Sí, creo que era cerveza. Supongo
que ya han terminado los exámenes y qué menos que celebrarlo emborrachándose
todos en el campus, sí señor.
Y
me comenzaron a sangrar los oídos de repente. Ay seu ti pego. Me hace gracia porque todos en foros de Internet,
Tuenti, Twitter y esas cosas comentan que están hartos de la cancioncita esa
(yo también, por cierto), pero luego la bailan como si no hubiera mañana. No
existen los ovnis, existe el reggaeton (¡eso es lo que nos embota el cerebro,
lo he descubierto! ¡Dadme el Nobel!)
17:30.
Mi madre parece que ha conseguido ver las más de seis llamadas perdidas, y me
llama.
-
Que no hay clase, estoy yendo para casa.
- ¿Cómo?
¿Dónde estás?
-
Pues por la rotonda de la Universidad (metro más, metro menos).
-
Quédate ahí y no te muevas.
17:35.
Como para no ver el coche de mi madre a lo lejos, con esos colorines que tiene.
Viene a toda mecha, algo rara en ella, con lo que odia la Fórmula 1.
-
Sube, que no me puedo parar aquí.
-
(Yo me subo y tal y Pascual) Que no ha podido venir por cuestiones médicas.
-
Ya, ya. ¿Y qué pretendes, que me lo crea? – me dice mi madre más borde que Aída
Nízar.
-
Pues… ¿sí?
No
dice ni pío y empieza a conducir. Pero no dirección a casa, sino a la Escuela. No
me ha creído. Le digo que no ha venido, que hay una nota en el tablón de
anuncios… y no me ha creído. Será posible. Pero me callo, no digo nada. Creo
que ella lo interpreta como “Te pillé, hay clase y te has intentado librar”;
pero nada más lejos, solo me río por dentro. Ojalá pudiese sacar una foto en el
momento en que sus ojos viesen la nota en el tablón.
18:00.
Ya estoy en casa. En parte cabreada, y en parte partiéndome el culo. Mi madre
fue a preguntarle a la que está en información, incluso después de ver con sus
propios ojos que no había clase en la nota. Y yo estoy cabreadísima. No me ha
creído.
- Pues
ya te puedes poner a hacer deberes, que tienes toda la tarde por delante. – me dice
al llegar a casa.
-
Es que no tengo deb…
-
Que te pongas a hacer algo de provecho.
Y
entonces, como no podía coger un cuchillo de la cocina y clavársela en la
espalda, como buena acción de provecho, me he puesto a escribir esto.
jajajajajajajajajjaaj Lo que no te pase a ti...
ResponderEliminarMe parece que ya sé quien son esas dos personitas con las que hablabas :3
Calla, calla... Que vaya tardecita.
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