19 de marzo de 2012

Cincuenta y uno.


Lo mejor de toda la historia es no saber qué hago aquí. Sé que tengo que madurar, que tengo que crecer, hacer una carrera, conseguir trabajo, formar una familia… Pero eso lo saben todos de sí mismos. ¿Todos tenemos esos mismos objetivos, o cada uno los suyos marcados?
Yo que cada uno tiene metas. Metas que pueden variar según qué decisiones tomemos a lo largo de nuestra vida. ¿Nosotros dibujamos nuestro propio camino o nos lo hacen? Si es lo último, espero que el mío sea un buen dibujante. No voy a aceptar unas metas que no decida yo, o que no vea que están bien. No me voy a parar. No me voy a conformar con cualquier cosa.
No voy a formar una familia, la voy a cuidar.
No voy a conseguir trabajo, lo voy a mantener.
Y no voy a hacer una carrera, haré dos.
Si veo, si sé que puedo llegar a más, no me conformaré con lo que me han dibujado, yo cogeré el lápiz y haré las trazadas más fuertes. Haré el camino ascendente, recto, no utilizaré nunca la goma. No borraré nada en mi vida. El pasado se ha de tener siempre en mente, porque si no se tiene, se olvida. Y si se olvida, estaré condenada a repetirlo. No necesitaré reglas, ni compás, ni cartabón, ni escuadra. Mi camino me lo haré yo sin materiales, sin ayuda. No necesito a nadie para que me diga cómo hacer un trazado, cómo seguir en mi vida. No te necesito. Aunque sé que, es verdad, eso lo digo ahora. Supongo que en algún momento del camino necesitaré un hombro sobre el que apoyarme, pero no te utilizaré para seguir dibujando, una vez recompuesta te lo agradeceré, y seguiré caminando.

Es mi camino. Es mi camino y me lo hago yo.
Iré más alto de lo que me dibujen. No me conformaré. Nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario