3 de marzo de 2012

Nueve.

Quiero escribir. Quiero escribir. Quiero escribir. Quiero escribir. Quiero escribir.
Pero no se me ocurre nada. ¿Qué pasa? ¿Dónde te has ido, imaginación? Te necesito a mi lado, para que me hables y me aconsejes, para que muevas mis dedos mientras golpean a las teclas. Que sepas que aquí te estoy esperando, con un vaso de agua medio lleno, por si vuelves con sed. 
¿No me quieres? ¿Te has fijado en otra? Por favor, no me amargues, no hagas desaparecer mi sonrisa así; vuelve. Quiero escribir. Quiero escribir. Pero te necesito a mi lado. Susúrrame al oído qué debo hacer, qué letra teclear en cada caso. Haz de mi mente una especial. No quiero ser pesada pero: Quiero escribir. Quiero escribir. Quiero escribir.
¿Estás durmiendo? ¿Soñando, quizá? Si es así, despiértate y cuéntame todo. Dame señales. Dame ideas. Te necesito. Te necesito cerca. 
¿Por qué te has ido, buena amiga? ¿Es que ya no me quieres? ¿Será que te he perdido para siempre? Ven conmigo, te daré todo lo que pidas; te necesito. Quiero escribir. Quiero escribir. Te dejaré golpearme en cualquier ocasión, en cualquier situación; pero ven conmigo, no me sueltes de la mano, no te vayas con otra persona. Por favor: vuelve. 

Aquí te estoy esperando. Con un vaso de agua ya no medio lleno, sino casi vacío.

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