12 de marzo de 2012

Treinta y dos.


A veces pienso que soy policía. O detective. O, simplemente, un patrullero de un barrio marginado. A veces pienso que sirvo y protejo a la sociedad siendo así, siendo buena, cuidando a los civiles y encarcelando a los malos. Que hago algo importante.
Pero otras muchas veces soy criminal. O traficante. O, simplemente, un ladronzuelo de barrios bajos. Sé que es malo, que hago un mal a la sociedad, que no deberían haber personas así, por mucho que lo necesitemos.
Tendríamos que ayudar a nuestros vecinos, darles sal cuando nos la pidan, y no robársela; reciclar la basura en vez de tirarla sin más, apoyar en vez de reírse de los demás: ser humanos, tener corazón.
Pero no todos estamos hechos de la misma pasta. Podemos ser policías, detectives, patrulleros o criminales, traficantes y ladronzuelos.

Seamos lo uno o lo otro, la sociedad no va a cambiar.

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