15 de marzo de 2012

Treinta y siete.


El imperfecto ser humano: la máquina que destruirá este mundo con sus propias manos.
Aquí nadie es perfecto. Yo no soy perfecta (ni mucho menos), tengo mis pros y mis contras, no todos tenemos un cuerpo de escándalo, ni somos modelos, ni atraemos a tantas personas como nos gustaría; no todos caemos bien aunque de verdad lo intentemos, no todos somos simpáticos, ni por supuesto amables; todos somos envidiosos, todos, no se salva nadie. Ni Dios, que expulsó a Satanás del Edén cuando estaba borracho de poder. Somos imperfectos.
Nadie es perfecto. Jesús no es perfecto, Tom Cruise tampoco es perfecto, David Beckham más de lo mismo; ni siquiera tú, que me estás leyendo, eres perfect@, por mucho que te lo creas (que sepas que el egocentrismo es una imperfección).
Pero, aunque individualmente no exista ese grado máximo, podría ser (solo es una teoría) que en conjunto sí lleguemos a este. Si no es así, ¿por qué demonios existe el amor? Cuando dos personas se enamoran ven todo perfecto. Ellos dos son perfectos. Porque lo que al otro le fallaba, lo que tenía de imperfecto, la otra persona le complementa y le ayuda. Nos hacemos perfectos cuando amamos, cuando queremos a alguien. A alguien que nos importa. El cariño es algo perfecto, algo que te hace pensar que la persona de mi lado, la que me toca el hombro con gesto amable, es perfecta.
Pero, como todo, el amor se acaba. Esa ilusión, ese cariño, ese querer. Siempre se acaba. Tienes que continuar solo: la vida son despedidas. Y es en ese momento cuando vuelves a verlo todo con millones de imperfecciones. Cuando pasas de lo perfecto a lo imperfecto. Cuánto te ha costado alcanzarte a ti mismo, y qué poco te ha hecho falta para perderte.

Lo perfecto. ¿Quién da significado a lo perfecto? Para mí, ser superficial, en realidad es solo otro defecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario