27 de abril de 2012

Noventa y uno.

"Mi padre es el sol, mi madre la luna.
Mis amigos son el viento y el planeta Tierra mi cuna.
Mis únicos hijos son las frases que me invento
y mi mayor regalo es vivir este momento”.

Momento en el que siento que callar es un pecado capital. Porque, aunque quisiera criar a mis hijos en un cuento de hadas, sé que el mundo se acabará y ya no les quedará nada. Serán ratas y las cloacas les maltratarán, la ciudad clavará estacas y nadie aplacará el odio que les empuja. No habrá nada, solo brujas. Mientras, los niños ricos viajarán en su cúpula de lujo, de arrogancia infalible. Hay gente que viene de un lugar donde decían que triunfar era imposible. Os digo que ahí fuera hay hijos de puta que sólo miran su ombligo. Bordes que caminan por los bordes constantemente, haciendo que engorden sus cuentas corrientes, poniendo su mueca más seria y fría al ver que el indigente se desangra en su miseria en la acera de enfrente.
Ya no me asombro al ver a los mismos de siempre revolviendo escombros. Les veo llevar su orgullo a hombros. Ellos luchan contra el sistema que os corrompe. Odio a los idiotas anónimos que sólo hablan mierda y luego se esconden en la calle. Calle donde niños de ojos rojos fuman verde, siempre metiéndose en marrones. Su materia gris está en blanco. Augura un futuro negro. Todo esto mientras las nubes contaminadas ahogan sus ilusiones.

Yo me miré al espejo con los ojos de quien me odia y me sentí eufórica, porque todo es psicológico. Todo está en la mente en este zoológico de buitres y ratas, de perros hambrientos esperando a morder mi cuello... Pero no por ello me callo. Ni me molesto. Ni huyo. El murmullo de esa listilla no me va a destruir. Yo sólo me instruyo en lo cierto, como que la ciencia demuestra que Dios ha muerto.

De todas formas, ¿qué voy a hacer? O lo plasmo en un papel, o me lo tomo con humor como Dave Chappelle.

Y puestos a reflexionar sobre la vida… Mira, el final es para todos igual, es el ciclo vital del hombre. La muerte como cima y cumbre. Y nunca va a haber milagros. El camino es largo, extenso y complicado. Y, aún así, con el corazón de piedra, me visto y salgo. Otro día más entre guepardos y comadrejas. Y aunque le diga a mi madre que no me quejo, yo también quiero un chalet en la Moraleja y conducir un Porche.

Pero soy feliz con este piso y un ordenador para escupir mis realidades. “Para ti son debilidades, pero para mí sensibilidades”. Me llenan. Todo es fiel a mi lema. Sin más armas que mis dedos, mi mente es un Kalashnikov y un cóctel Molotov cuando la dejo libre. Con ella se puede liquidar al ignorante, pero intelectualmente. La fuerza bruta me repugna; se la dejo al nazi o al cani, que resuelve cualquier pugna de la forma más fácil.

Amo a los poetas hechos soldados. La mezcla es un Napalm explosivo que arrasa las clases altas, empezando por el presidente. La gente que sueña con ser un Don Juan y llorar dinero. Casi que es mejor ver a quien no lo tiene y darle pan, por poco que quede.

Hay tortazos en la vida. Hostias mal dadas. Pase lo que pase, éste es mi elixir. “Existir es sentir, aquí, sentir es escribir”. Y luego, aunque nadie me recuerde, ni esta ciudad que destroza  y devora el verde, salto y me escabullo. Huyo entre la masa llana, esos que se tragan su orgullo para después cobrar la nómina. La ciudadanía anónima.

No hay droga más dura para mí que un párrafo. Ni hay meteoritos que extingan al dinosaurio. Porque seguimos en la prehistoria, aunque nadie se atreva a reconocerlo. Desde machistas hasta xenófobos. La xenofilia, esa es mi ciencia, la que implica amor por la diferencia. Pero hay veces que me callo porque me entran mis dudas y me saturo. Nada dura. ¿Por qué nada dura? Quisiera para el tiempo como Hiro Nakamura. Luego recapacito, y me respondo diciendo que qué más da, porque mi entrega es ciega: “el Universo es la canica con la que alguien juega”. Siempre, a todos, nos llega el momento y no lo entiendo. Tantos años invirtiendo hasta que sientes que te consumes y vas muriéndote poco a poco.

Me han enseñado e inculcado que el mañana no es certero, ni etéreo. Es tensión y miedo. No poseo la verdad, aunque la persiga. O eso creo. Es más, lo importante es estar vivo de deseo. ¿Carnal o espiritual? Ahí cada cual con su ritual.

Medita.

Puede que mi vida nunca os interese. No está dirigida por Spielberg, ni aconsejada por psicólogos. Sólo ante el papel puedo eliminar tensión. Él me entiende y no me cobra ochenta euros a la hora. Y ojalá esta sea también tu droga porque, si lo es, ven para acá que te doy un gramo. Precioso frenesí el de la escritura. ¿Lo captas? Almas pero en miniatura, aunque con toda la intensidad de la original.

Es la luz tras las tinieblas.

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