Mis amigos son el viento y el planeta Tierra mi cuna.
Mis únicos hijos son las frases que me invento
y mi mayor regalo es vivir este momento”.
Momento en el que siento que callar es un pecado capital. Porque,
aunque quisiera criar a mis hijos en un cuento de hadas, sé que el mundo se
acabará y ya no les quedará nada. Serán ratas y las cloacas les maltratarán, la
ciudad clavará estacas y nadie aplacará el odio que les empuja. No habrá nada,
solo brujas. Mientras, los niños ricos viajarán en su cúpula de lujo, de
arrogancia infalible. Hay gente que viene de un lugar donde decían que triunfar
era imposible. Os digo que ahí fuera hay hijos de puta que sólo miran su
ombligo. Bordes que caminan por los bordes constantemente, haciendo que
engorden sus cuentas corrientes, poniendo su mueca más seria y fría al ver que
el indigente se desangra en su miseria en la acera de enfrente.
Ya no me asombro al ver a los mismos de siempre revolviendo
escombros. Les veo llevar su orgullo a hombros. Ellos luchan contra el sistema
que os corrompe. Odio a los idiotas anónimos que sólo hablan mierda y luego se
esconden en la calle. Calle donde niños de ojos rojos fuman verde, siempre metiéndose
en marrones. Su materia gris está en blanco. Augura un futuro negro. Todo esto
mientras las nubes contaminadas ahogan sus ilusiones.
Yo me miré al espejo con los ojos de quien me odia y me sentí
eufórica, porque todo es psicológico. Todo está en la mente en este zoológico
de buitres y ratas, de perros hambrientos esperando a morder mi cuello... Pero
no por ello me callo. Ni me molesto. Ni huyo. El murmullo de esa listilla no me
va a destruir. Yo sólo me instruyo en lo cierto, como que la ciencia demuestra
que Dios ha muerto.
De todas formas, ¿qué voy a hacer? O lo plasmo en un papel,
o me lo tomo con humor como Dave Chappelle.
Y puestos a reflexionar sobre la vida… Mira, el final es
para todos igual, es el ciclo vital del hombre. La muerte como cima y cumbre. Y
nunca va a haber milagros. El camino es largo, extenso y complicado. Y, aún así,
con el corazón de piedra, me visto y salgo. Otro día más entre guepardos y
comadrejas. Y aunque le diga a mi madre que no me quejo, yo también quiero un
chalet en la Moraleja y conducir un Porche.
Pero soy feliz con este piso y un ordenador para escupir mis
realidades. “Para ti son debilidades, pero para mí sensibilidades”. Me llenan.
Todo es fiel a mi lema. Sin más armas que mis dedos, mi mente es un Kalashnikov
y un cóctel Molotov cuando la dejo libre. Con ella se puede liquidar al
ignorante, pero intelectualmente. La fuerza bruta me repugna; se la dejo al
nazi o al cani, que resuelve cualquier pugna de la forma más fácil.
Amo a los poetas hechos soldados. La mezcla es un Napalm
explosivo que arrasa las clases altas, empezando por el presidente. La gente
que sueña con ser un Don Juan y llorar dinero. Casi que es mejor ver a quien no
lo tiene y darle pan, por poco que quede.
Hay tortazos en la vida. Hostias mal dadas. Pase lo que
pase, éste es mi elixir. “Existir es sentir, aquí, sentir es escribir”. Y
luego, aunque nadie me recuerde, ni esta ciudad que destroza y devora el verde, salto y me escabullo. Huyo
entre la masa llana, esos que se tragan su orgullo para después cobrar la nómina.
La ciudadanía anónima.
No hay droga más dura para mí que un párrafo. Ni hay
meteoritos que extingan al dinosaurio. Porque seguimos en la prehistoria,
aunque nadie se atreva a reconocerlo. Desde machistas hasta xenófobos. La
xenofilia, esa es mi ciencia, la que implica amor por la diferencia. Pero hay
veces que me callo porque me entran mis dudas y me saturo. Nada dura. ¿Por qué
nada dura? Quisiera para el tiempo como Hiro Nakamura. Luego recapacito, y me
respondo diciendo que qué más da, porque mi entrega es ciega: “el Universo es
la canica con la que alguien juega”. Siempre, a todos, nos llega el momento y
no lo entiendo. Tantos años invirtiendo hasta que sientes que te consumes y vas
muriéndote poco a poco.
Me han enseñado e inculcado que el mañana no es certero, ni
etéreo. Es tensión y miedo. No poseo la verdad, aunque la persiga. O eso creo.
Es más, lo importante es estar vivo de deseo. ¿Carnal o espiritual? Ahí cada cual
con su ritual.
Medita.
Puede que mi vida nunca os interese. No está dirigida por
Spielberg, ni aconsejada por psicólogos. Sólo ante el papel puedo eliminar
tensión. Él me entiende y no me cobra ochenta euros a la hora. Y ojalá esta sea
también tu droga porque, si lo es, ven para acá que te doy un gramo. Precioso
frenesí el de la escritura. ¿Lo captas? Almas pero en miniatura, aunque con toda
la intensidad de la original.
Es la luz tras las tinieblas.
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