16 de abril de 2012

Ochenta y dos.

Como si fuera hija de cristalero. Así me tratan. Qué mal me siento cuando soy ignorada por todos. Vuelvo, después de algo de tiempo, y solo dos se dignan a saludarme. A saludar y poco más. Luego me encuentro con otra amiga, una con la que llevaba mucho tiempo sin hablar, casi desde verano, y me hace el mismo caso que a su madre. Es decir, nada. Y yo que iba con las ganas de: Uhm, ¡cuánto tiempo! ¡A ver qué ha cambiado por aquí! ¿Cómo estará la gente?

¿Gente? ¿Gente? Una mierda de gente. Personas que solo se preocupan por ti cuando eres alguien importante no se les puede llamar seres humanos. O quizás sí, claro. Pero en ese tema no me meto. No tienen corazón, pasan de mí. Se saludan, se mandan mensajitos entre ellos, susurran, se ponen motes (completamente ridículos) mutuamente... Pasan y pasan y pasan de mi persona. Y quizás, mira, quizás sí he captado vuestro mensaje. No voy a volver. Ya está. Espero que estéis contentos. Luego no vengáis mandándome mensajes al móvil a las doce de la noche poniendo cursiladas de te echamos de menos, esto no es nada sin ti y más gilipolleces.

Que os den. Disfrutad, que yo ya me divertiré sin vuestra ayuda. Monstruos.
Bien, todo esto no cambia el hecho de que me sienta ignorada, amigos. No tenéis corazón. Sobre todo tú, que posiblemente me estés leyendo en estos momentos (y sabes perfectamente que me refiero a ti, pelirroja teñida), tú sí que me has herido. ¿No te acuerdas de las conversaciones que teníamos este verano? Me contabas todo de tu vida, absolutamente todo. Que si el novio, que si ahora me gusta éste, que si ahora me gusta el otro… Y me aguantaba (y mira que esas cosas no las soporto) y te regalaba mis consejos. Que problemas resolvieron, ¿o no? Yo no te ignoraba y tú a mí sí.

Y luego está la otra, la que era la persona más divertida del mundo, la más simpática y amable. Y mira con quién fue a parar. Tú no me lees, claro, si ni siquiera sabrás. Noelia (qué más da que diga tu nombre, si no eres persona) eres el conjunto de materia orgánica que más me ha decepcionado. Y mira que lo ha hecho gente, y mucha, y las que me quedarán; pero tú eres la que más, so far (hoy he aprendido algo en inglés).

Y luego, estas sí que no han faltado, están las típicas chicas que van siempre juntas (a las cuales la del anterior párrafo se ha unido) que van siempre metiéndose con gente y dudando de su sexualidad. Éste es bisexual, normal, hace tan pocas amistades que las que tiene las debe aprovechar. Ésta es una puta, sale con moros. Éste es gay, no ha encontrado la llave aún para salir del armario. ¿Ah, pero que era chica? Yo creía que tenía pene, como es tan poco femenina… Claro, y vosotras directamente sois gilipollas. Ya faltaba que no vinieseis a darme la calurosa bienvenida. Amanda, Sandra, Lucía y Noelia. Ya sé qué nombres no les pondré a mis… ¿hijas? (No, por favor. Niños no, niños no, niños no).

Definitivamente, estoy hecha del cristal del helicóptero de California de… Bah, qué importa. Si me ignoráis. 

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