Y
tú me dices
que
tienes los pechos rendidos de esperarme,
que
te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que
has perdido hasta el tacto de tus manos
de
palpar esta ausencia por el aire,
que
olvidas el tamaño caliente de mi boca.
Y
tú me lo dices que sabes
que
me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de
lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de
darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una
nueva manera de rescatarte en besos
desde
la soledad en la que tú me gritas
que
sigues esperando.
Y
tú me lo dices que estás tan hecha
a
esta deshabitada cerrazón de la carne
que
apenas si tu sombra se delata,
que
apenas sí eres cierta
en
esta oscuridad que la distancia pone
entre
tu cuerpo y el mío.
Espera, de José Manuel Caballero Bonald.
Me
he vuelto a fascinar con otro poeta. He pasado una tarde entre poemas,
pensamientos y respuestas irónicas de mi
nuevo poeta que ya estaba echando de menos pasar. Ya le conocía desde hacía
unos meses, cuando salió la noticia de que terminaba Entreguerras, el último libro que pensaba escribir. Dejaba los
versos, aunque no se iba a callar. A un escritor nunca se le va a cerrar la
boca, ni aunque él mismo quiera.
Me
ha sorprendido la entrevista que ha hecho en ABC, y más que este periódico se
la hiciera, ¡y mucho más que se la publicaran! Escritor rojo y libertino, como
a él le gusta que le llamen, induciendo ideas de izquierdas en un periódico muy
reformista (por decir algo educado). Oh, no, que
esto no se ve todos los días.
“No
me gusta cómo está España. Me encantaría poner tierra de por medio.”
¿Y
quiénes que tengan un poco de razonamiento interior y amor propio no quieren
largarse, poeta? Me he quedado absorta con tu entrevista, todo se ha de decir.
Rudeza, experiencia e ironía es de lo que están impregnadas tus palabras.
“Yo
tengo miedo de ruidos nocturnos, de pisadas por la noche. A mí, me impresiona
mucho oír un timbre por la noche. Y eso viene de los tiempos del franquismo.”
Me
has hecho soltar una sonrisa (de esas tontas y bobaliconas) cuando el
entrevistador te pregunta que qué es para ti la vejez. “Una cabronada”. Y ahí
lo dejas todo, ahí explicas las pérdidas que has de haber sufrido, describes a
la perfección todo a lo que has tenido que renunciar. “Me gusta decir que tengo
mucho pasado por delante. Mientras, el futuro ya se me ha quedado muy estrecho.”
Me
ha impresionado tu forma de explicar el porqué de no poner ni puntos ni comas
en tu último poemario (Entreguerras,
ya dicho antes): “… la memoria no tiene apartes ni pausas para coger aire”. Y
eso es verdad. Ahora, justo en el momento que te descubro, decides retirarte.
¿A dónde? ¿A tu casa junto al mar? Yo también quiero ir allí contigo, porque yo
también pienso que tiene que haber una que también reciba mi nombre. O que esté
en ello. Me has hecho comprender que eso que siento algunas veces oprimiéndome
no es más que la noche, que entra como un trueno. Ya amanecerá, esperemos. Y
que mi música de fondo es el futuro, eso también me lo has afirmado. La música
de fondo a veces se escucha más alto que todo lo demás.
Profesor
particular, Caballero, hoy has sido mi profesor particular. Hoy me has
enseñado, además, que la ausencia se
aproxima en sentido contrario al de la espera. Eso sí, las justificaciones
ya las tenía preparadas de antemano.
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