20 de mayo de 2012

Ciento diez.

Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en besos
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a esta deshabitada cerrazón de la carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

Espera, de José Manuel Caballero Bonald.

Me he vuelto a fascinar con otro poeta. He pasado una tarde entre poemas, pensamientos y respuestas irónicas de mi nuevo poeta que ya estaba echando de menos pasar. Ya le conocía desde hacía unos meses, cuando salió la noticia de que terminaba Entreguerras, el último libro que pensaba escribir. Dejaba los versos, aunque no se iba a callar. A un escritor nunca se le va a cerrar la boca, ni aunque él mismo quiera.
Me ha sorprendido la entrevista que ha hecho en ABC, y más que este periódico se la hiciera, ¡y mucho más que se la publicaran! Escritor rojo y libertino, como a él le gusta que le llamen, induciendo ideas de izquierdas en un periódico muy reformista (por decir algo educado). Oh, no, que esto no se ve todos los días.

No me gusta cómo está España. Me encantaría poner tierra de por medio.

¿Y quiénes que tengan un poco de razonamiento interior y amor propio no quieren largarse, poeta? Me he quedado absorta con tu entrevista, todo se ha de decir. Rudeza, experiencia e ironía es de lo que están impregnadas tus palabras.

Yo tengo miedo de ruidos nocturnos, de pisadas por la noche. A mí, me impresiona mucho oír un timbre por la noche. Y eso viene de los tiempos del franquismo.

Me has hecho soltar una sonrisa (de esas tontas y bobaliconas) cuando el entrevistador te pregunta que qué es para ti la vejez. Una cabronada. Y ahí lo dejas todo, ahí explicas las pérdidas que has de haber sufrido, describes a la perfección todo a lo que has tenido que renunciar. Me gusta decir que tengo mucho pasado por delante. Mientras, el futuro ya se me ha quedado muy estrecho.

Me ha impresionado tu forma de explicar el porqué de no poner ni puntos ni comas en tu último poemario (Entreguerras, ya dicho antes):… la memoria no tiene apartes ni pausas para coger aire. Y eso es verdad. Ahora, justo en el momento que te descubro, decides retirarte. ¿A dónde? ¿A tu casa junto al mar? Yo también quiero ir allí contigo, porque yo también pienso que tiene que haber una que también reciba mi nombre. O que esté en ello. Me has hecho comprender que eso que siento algunas veces oprimiéndome no es más que la noche, que entra como un trueno. Ya amanecerá, esperemos. Y que mi música de fondo es el futuro, eso también me lo has afirmado. La música de fondo a veces se escucha más alto que todo lo demás.

Profesor particular, Caballero, hoy has sido mi profesor particular. Hoy me has enseñado, además, que la ausencia se aproxima en sentido contrario al de la espera. Eso sí, las justificaciones ya las tenía preparadas de antemano.

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