15 de mayo de 2012

Ciento siete.

Allí en mi tierra lo llaman orbayu. Aquí simplemente lluvia fina, liviana o imperceptible, pero que empapa. Moja, aunque no lo parezca. Una vez más, ahí siempre van a estar, las apariencias lo son todo. Parece hasta peligroso lo real que es esa lluvia que, por fina, por minúscula, por sutil que sea; siempre, siempre empapa. Lentamente. Ni siquiera te das cuenta de hasta qué punto puedes comparar una ducha con eso. Ni de cuál de las dos cosas te limpia más. Sí, la lluvia también limpia; sin jabón, sin champú, sin acondicionador, sin esponja, sin manos. Pero te deja... te deja desnuda (o desnudo); aunque limpia, desnuda. Y desnuda no significa más que una forma más rápida de ensuciarte. Es sucio el orbayu, sucio.

Y traicionero. Y lento e invisible. Y cuidadoso, cuidado, es muy cuidadoso; muy sutil, muy tranquilo, hasta un poco justiciero. No deja manchas, no deja pruebas: sólo heridas. Motas de lo que una vez fue agua descansan en tu piel, ensuciándola, atravesándola sin que lo notes. Te resulta raro, claro, te sientes mojada, sucia, desnuda... Pero no entiendes el porqué, si ni siquiera es lluvia. He ahí el problema: claro que lo es, claro que es lluvia, claro que moja, claro que te deja desnuda y sucia. Claro como el agua, cristalino. Incluso más. Pero sigues sin entenderlo, sigues viendo lo que crees que no es, no lo que es. Ese es el fallo, ese es el problema.

Todo, todo puede ser orbayu. Incluso tú puedes dejar caer por la noche tu cabeza en su hombro, posar tu cabeza en su hombro, descansar tu cabeza en su hombro y ensuciarlo, y atravesarlo. Sin que te des cuenta, ¿acaso el orbayu es consciente de lo real que es? ¿Acaso tú lo eres? ¿Acaso lo soy yo...? No, nadie es consciente del poder e influjo que tiene sobre otra gente. Nadie es capaz de entender por qué, sin quererlo (o tal vez queriendo), daña con sólo posar su cabeza en su hombro. Porque quizás ese hombro no te quiera. O quizás te quiera, te ame; y le duela que únicamente te apoyes. Sí, es por eso que todos somos orbayu.

Un orbayu cegador, porque lo es. Yo lo he visto, es difícil, pero lo he visto. Y he sentido su poder en mi piel y su influencia en mi estado de ánimo. Unas veces para bien, otras no es tan bueno conmigo. ¿Quién lo es? ¿Quién es siempre bueno? ¿Quién puede aguantar estar siempre alegre? ¿Quién? Nadie humano. Por eso el orbayu es humano y no siempre está para limpiarnos, quizá quiera ensuciarnos un día, sin previo aviso. O quizá somos nosotros los inhumanos, quizá es eso. Me sentiría mejor.

Hoy el orbayu me ha ensuciado.

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