18 de junio de 2012

Ciento treinta y cuatro.

Estoy jodidamente cansada de estudiar. Esto de encerrarse en la habitación, enfrente de la ventana con la persiana bajada (me distraigo hasta con los pájaros que copulan en los árboles), intentando no prestar atención al maldito tren de fuera que me tiene hasta los genitales externos femeninos (biología, cómo te echaré de menos) y quitando un minuto sí y un minuto también al gato, que parece ser que le gusta leer mis apuntes… Esto, esto precisamente no mola. Estoy agobiada, sísí.

Pero ¡ánimo!, va a ser tu último día que tengas que estudiar, Midons.

Mañana por la tarde me voy a sentar a ver una película, a comer palomitas y a hincharme como una vaca burra. Eso, que creo que me lo merezco después de todo el curso. Esto de los exámenes finales es una putada, y más para los que han intentado aprobarlo todo durante los tres trimestres. Y más para los que lo han conseguido, que deben seguir haciendo exámenes incluso cuando tienes un 8 de media. ¡Un 8, maldita sea! Redondito, con sus dos círculos bien cruzados, el signo del infinito al revés…
Infinito desprecio el que le tengo a todos los profesores.




Ah, calla, que luego están los deberes de verano. No falta el típico libro de inglés que nos manda siempre la profesora que luego, el que se preocupa de hacerlo (con sus correspondientes soluciones al lado, claro, pero la intención es lo que cuenta), ni mira. Este verano ni me lo compraré, palabra de Midons. Treinta euros por un libro que luego usa ella para limpiarse el culo, pensando en sus verbos modales, adverbios de frecuencia, tiempos pasados, participios... Es a ella a quien le sobra el dinero. Y matemáticas, no soporto los deberes de matemáticas. Siempre los dejo para el último día, y lo digo literalmente. Soy capaz de arrodillarme frente a quien sea con tal de que éste me preste los deberes, les lamo los pies, los zapatos, ¡todo! (menos…)

Son las nueve menos veinte y no me he estudiado francés.
No he terminado de estudiar química, me he quedado en la formulación.
Y no he abierto siquiera el libro de música.



1 comentario:

  1. ¡Esta es mi chica! ¡Muerte y destrucción! ¡Desprecio, desprecio, moríos todos!

    (Risas)

    Así me gusta.

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