17 de junio de 2012

Ciento treinta y tres.

Estas noches de agobiante calor no las aguanto. Ni a ellas, ni a mi cama. El calor me pone de mala leche, me siento sofocada y muy pesada, como si los rayos del sol pudiesen pesar y tuviera que cargar todo el verano con ellos. Todo el verano. Madre mía, lo que me espera de verano: qué horror. No sé si lo he dicho alguna vez, y si lo he dicho perdonadme por repetirme tanto, pero soy más de otoño que de verano o que de ninguna otra estación. Ni frío ni calor, sólo aire y hojas en el suelo. Las cuales, por cierto, me encanta pisar y escuchar el estruendoso crack que hacen al romperse.

Ayer por la noche, entre botellas de agua en la mesita medio vacías, chicles de hierbabuena, sonidos del maldito tren que no falta en mis noches de insomnio, ronquidos parecidos a los de una banda sonora de cualquier película de terror y el gato que no paraba de subirse a mi cama; en medio de todo esto, mi distracción era leer cosas que prefiero que no sepáis y charlar con Delac y Nothing por el Guasap.

Nothing, por lo visto, estaba mosqueada por una parodia (que, por cierto, tengo que verla) que está colgada en TuTubo sobre su grupo favorito inglés (¿o americano, qué es?). La cuestión es que nosotros no hicimos otra cosa que enfadarla más y esto hizo que Nothing se fuera del grupo un par de veces (aunque risas también provocó). A las tres menos cuarto de la mañana Delac se fue a dormir, y yo dije que también lo haría. Promesa que incumplí, pues volví a hablar a Nothing a las tres y cinco.

– Todavía no me he ido. Estoy mosqueada. – cierto, estaba muy cabreada.
– Ni yo, ¿qué te pasa?
– Prefiero no hablar del tema, tengo mucho calor.

Después de esto nos pusimos a charlar sobre los exámenes finales que tenemos el lunes. Matemáticas, sociales y tecnología.

– No quiero hablar de esto. No quiero hablar de esto. No quiero hablar de esto. – repitió Nothing.
Ok, saca tema.
– Sácalo tú.
– Yo ya lo saqué y no te gustó.
– Estoy concentrada en canciones. – cómo no.
– Yo mosqueada.
– Y yo.
– Ya, pero yo más.
No creo.
– Y triste.
– Como yo.
– Y sin ganas de que llegue el verano.
– Ni yo.
– Qué asco de vida.
– Es una puta mierda.
– Olorosa.
– A veces me dan ganas de mandar todo a la mierda, ¿sabes? Y decir: hasta aquí hemos llegado. Porque pocos momentos son los que disfruto. – reflexiona Nothing.
– Hm. Es todo muy monótono para mí.
– Y para mí. Siempre igual. Todo igual.
Estudiar, estudiar, comer, estudiar, estudiar, cenar, estudiar, ordenador, repasar, dormir.
Exacto, siempre así. – me da la razón.
Lo peor es que no quiero que llegue el verano. El calor me estresa, y luego me aburro.

Y es aquí donde empieza el momento bajón (no, lo de antes no lo era):

– Yo quiero morirme ya. – escribe Nothing, para mi sorpresa.
– Yo le tengo miedo a la muerte.
– ¿A la muerte? Buah.
– Sí, mucho. Tiene que doler mucho.
– Yo últimamente me odio momento a momento. – sigue la reflexión de Nothing.
– Yo no me odio: odio a los demás.
– Yo sí. – pausa. – Bueno, y a los demás también.
– Los considero a todos una pérdida de tiempo.
– Y pesados.
– Ya poco me llama la atención. – escribo yo, pasados unos minutos. – Y lo que me la llama no está a mi alcance.
– Ni a mí. Nada me hace feliz. Todo es mierda, mierda, mierda.
– Estamos menopáusicas, Nothing. – en parte es verdad. – Quiero volver a ser pequeña.
– Joder, yo la de sueños que tengo por cumplir y digo: “¿Eres tonta, Nothing? Vas tú lista.”
– Ya, dímelo a mí. “¡Escritora, escritora!” Buah.
– ¿Sabes? Y ahora me pregunto: ¿Y si soy estéril? – no me pude reír más con esta frase. – Ahí ya me moriría.
– Esos son los comentarios tuyos que me hacen sonreír. – pausa por parte de las dos. – En fin…
– No sé qué hacer, si esforzarme ya estos días o pasar.
– Quedemos para cortarnos las venas.
– Yo no moriría de esa forma tan estúpida.
– No, pero nos podríamos morir de otra forma más estúpida aún. De cáncer o de cualquier otra enfermedad, postradas en la cama durante seis meses seguidos sin levantarnos.
– No, eso sería el fin. Moriría de otra cosa – pausa. – pero de esas enfermedades no.
– ¿Ah, sí? – me río yo un poco. – ¿Y entonces cómo quieres morir? Porque nadie elige cómo va a acabar sus días.
– No quiero morir. Sólo marginarme.
– Has dicho antes que…
– Ya, pero me contradigo. – me corta. – ¿Sabes un sueño mío que quiero cumplir a toda costa?
– ¿Hm?
– Aprender inglés; o sea, me muero por hablarlo rápido.
Bah.
– Pues yo sí. Quiero hablar inglés y pirarme de España.
– A mí el idioma que me gustaría aprender es el chino o el japonés, pero soy muy vaga.
A mí no. El inglés me gusta mucho.
– El inglés es demasiado simple comparado con el resto de las demás lenguas, incluso con el español, el inglés está chupado.
– No me siento orgullosa de España. – cambia de tema ella.
Ya, ni yo de muchas otras cosas.
No… Joder, ojalá que el año que viene me pueda ir de intercambio.
– Sí, ojalá. ¿Rezamos? – comento yo sarcásticamente.
– ¡Ey! ¿Y si me mata la familia? ¿O me secuestra? – me río como una tonta, en mitad de la noche. – Imagínate…
– Molaría.

Entre cambios de opiniones, la pérdida de ánimos y a sabiendas que tendríamos que estudiar mañana (es decir, hoy), yo me despedí a las cuatro de la mañana, mientras que Nothing, cuando me fui a dormir, se puso a estudiar física hasta las cinco y media.

Lamentablemente, el verano ya ha llegado.

5 comentarios:

  1. Me temo que tenemos que hablar... :)

    ResponderEliminar
  2. Midons, exactamente esta fue la conversación, si si. Me alaga que te hagan gracia mis comentarios !

    ResponderEliminar
  3. Como decía un poeta español: "Tras el vivir y el soñar, está lo más importante: el despertar". ¿Te vas a quedar dormida el resto de tu vida, Midons?

    Sigue tus sueños, y a tu amiga le digo lo mismo.

    ResponderEliminar