4 de junio de 2012

Ciento veinticinco.

Estudiar consiste en ponerse delante de unos apuntes mientras miras fijamente objetos inanimados, esperando moverlos con la mente. O en ver bailar polca al gnomo de la esquina de mi habitación, que no deja de distraerme. Me cuesta, señores, me cuesta, pero tengo un truco: escuchar canciones de Pitbull y Justin Bieber a la vez antes de estudiar, porque me vacían la cabeza y dejan hueco para todo. Táctica, caballeros. Táctica. De todas formas, siempre se deja para el día de antes, vamos a decir un poco la verdad. Aunque, coño, ¿es que nadie se ha fijado en que la palabra “estudiantes” se compone de “estudiar”, “día” y “antes”? En serio, es algo que invita a pensar, por raro que se vea esto de utilizar la cabeza alguna que otra vez. Pero siempre pasa factura, es algo tan obvio como que el cielo es naranja; he aquí otro truco mío: viajar a Canarias un día antes del examen para poder estudiar una hora más. Una hora es una hora, que da para mucho. Da para otro baile más de mi bailaor de polca preferido y más entrenamiento de telequinesis, hombre ya. Además, que estudiar día a día es lo fácil, hay que ser constante, no vaguear… Pero a mí me van los retos, me crezco con ellos.

(…) Estoy hasta las canas de mi abuelo (que está más calvo que Vader) de estudiar. Cuando terminemos de hacer exámenes, Edward Cullen a nuestro lado parecerá cubano, muchachos, y eso no es normal. Me desanimo, me desanimo… ¿Un 8’5 para entrar a Periodismo? ¡A la mierda…! ¡Me tiro a un torero famoso, tengo una hija, la llamo Andrea, la obligo a comer pollo y… a forrarme con un gay y un programa propio! Es como en Selectividad, ahora que se ve a todos los “estu-dia-ntes” con esta ingeniosa prueba. El primer año, cuando me presente, sólo iré “a probar”, y no a “aprobar”. Utilizo cualquier tipo de excusa para no estudiar. Que sí, pensaba ir a estudiar, pero un grupo de Umpa Lumpas no para de tocar la vuvuzela debajo de mi ventana, de mi amada y sucia ventana. Ya no me habla, estoy triste, se ve que ella también está en épocas de exámenes. Como el coche de mi madre, que tiene que pasar la ITV; todos hacemos exámenes en esta época, todos. 

Hoy intenté ponerme a estudiar química, que mañana tengo examen y, de una forma radical y que todavía no me explico, me entró sueño. Esto es algo que sólo las clases de inglés consiguen aportar a mi organismo. Seamos sensatos: que te entre el sueño después de haber dormido casi 12 horas… Esto es algo que sólo la perspectiva de tener que estudiar (química) puede lograr.

Y esa fe y creencias espontáneas que surgen horas antes de un examen, qué me dices. Pérdida total de la dignidad, pero Dios puede ayudar a sacarte esas decimitas que te faltan para el… 3’5. Y si está generoso ese día, hasta te lo sube al 3’6, fíjate. Pero bueno, al final estudiar no está tan mal, como dice Nothing, es divertido incluso: estudiar historia para ver qué tan feos eran (y son) los reyes de antes, y reírte de ellos. No tiene precio.

Mi última petición, me arrodillo si hace falta, es a los mayas: por favor, ¡por favor!, decidme que es mentira eso de que el mundo se acaba en 2012, no aguantaría la culpa de haber estudiado 15 años de mi vida para luego morir abrasada en los pectorales (agaskasj…) de Lucifer.

Con mucho amor, de una “estu-dia-nte(s)” agobiada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario