11 de agosto de 2012

Ciento cincuenta y ocho.

Hey, hola. Soy la joven que has dejado sin trabajo y sin futuro, y en mi casa fin de mes no existe, el paro ya no da para más.

Hey, ¿qué pasa? ¿Que le has cogido gustito a recortar el dinerito? Claro, si tu bolsillo sigue lleno, que se jodan los demás, ¿verdad?

Pues no. Esto va a acabar. Para que me entiendas: yo soy Dignidad y tú Urdangarín. Bah, si no les importa que tú estés bien o mal, les importa que no quieras ni pensar para así manipularte con su televisión.

Hey, no pasa nada si gritas, que ellos no se paran a escuchar. No escuchan desde su falta de moralidad, Légolas lanzando flechas al corazón.

Eh, para. Que yo no voy armada, así que guarda ya esa porra. ¿Luchar por mis derechos me convierte en un criminal?

Ah, espera. Que no feliz con eso además vas cubierto y tapado. Da vergüenza ser un mercenario sin cerebro ni voluntad, ¿verdad?

Pues sí. Lo acabo de decir. El aire que soltáis huele al trasero de Rajoy, Merkel y Sarkozy.

Señor banquero, el dinero que te estás llevando es nuestro. Espero que no caigas nunca enfermo, porque aquí la ciencia ha vuelto al tiempo de la Inquisición.

Lo que está claro aquí es que da pena que siendo joven ya me avergüence de este país.

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