1 de junio de 2013

Doscientos tres.

Una vez en un pedazo de papel de color amarillo con líneas verdes
él escribió un poema.
Lo llamó “Chops”, ya que era el nombre de su perro.
Y de eso trataba todo.
Y su profesor le puso un sobresaliente
y su madre la colgó en la puerta de la cocina
y se lo leyó a sus tías.
Ese fue el año en el que el padre Castillán llevó a todos los niños al zoo
y los dejó cantar en el autobús
y su hermanita nació con los pies pequeños y sin pelo
y su madre y su padre se besaron mucho
y la niña de la esquina le envió  para San Valentín una carta con una fila de X
y tuvo que preguntarle a su padre qué significaban las X
y su padre siempre le arropaba en la cama por las noches
y siempre estaba ahí para hacerlo.

Una vez más en un pedazo de papel blanco con líneas azules
escribió un poema.
Y lo llamó “Otoño”, porque era el nombre de la estación del año.
Y de eso se trataba todo.
Y su maestro le puso un sobresaliente y le pidió que escribiera más claramente
y su madre nunca la colgó en la puerta de la cocina porque estaba recién pintada
y los niños le dijeron que el padre Castillán fumaba puros
y dejaba las colillas en los bancos de la Iglesia
y algunas veces quemaba los bancos dejando agujeros.
Ese fue el año en el que a su hermana le pusieron gafas
con cristales gruesos y montura negra
y la niña de la vuelta de la esquina se rio cuando él le pidió que fuera a ver a Papá Noel
y los niños le preguntaron por qué
su madre y su padre se besaban mucho
y su padre nunca le arropaba en la cama por la noche
y su padre se enfadó cuando se lo pidió llorando.

Una vez en un papel arrancado de su cuaderno,
escribió un poema.
Y lo llamó “Inocencia: una duda” porque esa duda tenía sobre su chica.
Y de eso trataba todo.
Y su profesor le puso un sobresaliente y le miró de forma extraña
y su madre nunca lo colgó en la puerta de la cocina
porque él nunca se lo enseñó.
Ese fue el año en el que murió el padre Castillán
y olvidó cómo era el final del Credo
y sorprendió a su hermana enrollándose con uno en el porche trasero
y su madre y su padre nunca se besaban, ni siquiera se hablaban,
y la chica de la vuelta de la esquina llevaba demasiado maquillaje
que le hacía toser cuando la besaba
pero la besaba de todas formas, porque tenía que hacerlo.
Y a las tres de la madrugada se metió él mismo en la cama
mientras su padre roncaba profundamente.

Por eso en el dorso de una bolsa de papel marrón
intentó escribir otro poema.
Y lo llamó “Absolutamente nada” porque de eso trataba todo en realidad.
Y se dio a sí mismo un sobresaliente
y un corte en cada una de sus malditas muñecas
y lo colgó en la puerta del baño
porque esta vez no creyó
que pudiera llegar a la cocina. 

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