Por
fin mañana es viernes. Creí que nunca llegaría. Mañana es la última oportunidad
para aprobar matemáticas. Joder con matemáticas. Me tiene más preocupada que
Los Protegidos (que, por cierto, se ha vuelto una caquita muy fea) o que Bones
(quiero ver la hija de Brennan y Booth ya).
Y
ya luego francés, a ver si mañana podemos empezar a grabar eso de la obra,
porque a saber cuántas semanas llevaremos. Y sin contar el episodio del viernes
pasado de Sálvame; qué dolor de
cabeza, cagoendios. De todas formas,
contando con los exámenes y con lo penoso que me ha salido el de Inglés, estoy
contenta. Sí, sí, contenta. Feliz. Genial. De
p___ madre. No voy a escribir por qué, solo una persona lo sabe. Y no, no
tengo novio, no es eso.
Tampoco
quiero tenerlo, no da más que problemas y comeduras
de cabeza, contradiciendo todo lo que dicen las pijas a las que le faltan dedos para contar a sus queridos. Todavía
sigo sin creerme que con 15 años se crean las diosas del amor, que dicen saber
todo sobre la vida, cuando no han hecho nada para ganarse la chuleta de cerdo
que les ponen sus padres sobre la mesa todos los días. Pero no voy a meterme
con ellas, hoy no. Ya es demasiado tarde para ponerse a escribir todas las
contras que le saco a mis semejantes (de 15 años) y la vergüenza que me dan
algunos. Qué cabezas más salidas. Qué pavo.
Como hoy en lengua. ¿Qué mente escucha porno
en vez de forma?
Joder, qué silla más incómoda. Si es que me quita la inspiración. Voy a tener que ir a Ikea para comprarme algo decente, porque madre mía, me deja el culo como la de MM. Y todavía son y cinco… Si al final me tendría que haber puesto a escribir de chonis y dejar de hablar de mi cu… mis glúteos.
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