16 de marzo de 2012

Cuarenta y uno.

Ya no hay hombrecillos verdes tirando de mí. El examen de matemáticas me ha salido a pedir de boca (creo). Pero vaya dos horas que he pasado ahí encerrada. Encima la profesora no paraba de hablar y hablar y hablar y hablar… Cómo casca, ni que fuera un loro (aunque me lo estoy planteando). Aún con eso, me he podido concentrar y, gracias a mi salvadora calculadora, este fin de semana veré la luz. Y vaya dolor de cabeza me ha dado el método gráfico, un ejercicio del examen. No me salían las cuentas, era imposible. Intenté averiguar cómo se hacía (no de las maneras más ortodoxas, pero bueno) y tampoco. Así que decidí ir a preguntárselo a la profesora y, justo cuando estaba a punto de decírselo, me di cuenta del error.

- Ah, no, no. Vale, ya lo acabo de pillar.
- (Ella estaba corrigiendo) Lee los problemas antes de venir a preguntarme cualquier tontería, por favóh.
Y yo, claro, me di la vuelta y puse una CaradeOdioFlipante, porque ni siquiera le dije que era un problema (que, encima, no era ni siquiera eso).
En fin, lo más importante es que he conseguido terminar el ejercicio bien y, además, le he hecho un ejercicio de más (porque yo solo tenía que hacer unos cuantos, no todos). Y ahora vas y lo cascas.
Primera vez que tengo ganas de que corrija mi examen de matemáticas, o el de tecnología. Ahora todo el puentecito sin hacer absolutamente nada.

Fuera ganchos.

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