23 de marzo de 2012

Sesenta y dos.


Ojalá siguiésemos en contacto, pero no respondes a los mensajes de correo electrónico que te enviamos, y ya hace mucho. Estarán muertos de risa en la Bandeja de Entrada, esperando a algún que otro gusano para pudrirlos.
No te valoramos en su momento. Lo que se tiene no se aprecia hasta que se pierde. Un comportamiento digno de un niño pequeño: basta perder lo que tenemos, aunque no lo hagamos ni caso, ni lo utilicemos, para echarse a llorar por ello. Eso me pasaba a mí, recuerdo, con las pelotas que llevaba al colegio para jugar. Me acuerdo que cada vez que se colaba alguna, pensaba que el Universo se derrumbaba en mis hombros. Aunque fuese una pelota, una pelota a la que no miraba cuando estaba en casa.
Así me siento ahora. Siento que no te he valorado cuando estabas cerca. Y prometo valorar a cada persona que crea que se lo merezca. Por ti, y porque ya he aprendido de este error.

Te echamos de menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario