23 de marzo de 2012

Sesenta y tres.


Hoy sé que la vida es un momento
Y que el precio más caro, por lo tanto, es mi tiempo.
Que estoy a tiempo de luchar por lo que quiero.
Que si quiero puedo, pero debo hacer por ello.

Hoy sé que no basta con pensarlo.
Hay que trabajarlo para tener algo.
Y no es más quien más sabe alardear;
es más quien más pueda demostrar.
Lo importante es saber cuánto
necesitas para evitar llantos,
y ser consecuente con todos tus actos.

Hoy sé que mi madre me quiere,
pero no siempre sabe lo que me conviene.
Que para aprender y comprender, hay que probar;
y que hay cosas que es mejor no aprender, dejarlo pasar.
Que el dinero es mentira, ¿no lo ves?
Que lunes y viernes solo son nombres.
Que todo está en la mente, ¿no lo crees?
Y que el llorar también es cosa de hombres.

Hoy sé quiénes cuento con mi mano.
Ya tengo muy claro a quiénes no quiero a mi lado.
No voy a perder el tiempo con quien no merece
ni un segundo de mi mundo, ni un segundo de mi enfado.

Hoy sé que es mejor hoy que mañana
y que la envidia te destruye como a nada.
Que la circunstancia pierde ante la actitud
y que nunca es pronto para cuidar tu salud.
Que es imposible gustar a millones
sin que un par de cientos te toquen los cojones.
Hoy sé que tanto en la calle como en la escuela,
solo se aprende si usas tu cabeza.

Hoy sé que el dolor de perder crea rabia
y que, sin freno, es como el queroseno.
Que no sirve de nada vivir en el ayer;
satisfecha por lo hecho, pero no volveré a caer.
Volveré a levantarme, como siempre.
Trataré de pensar y ser consecuente.

Hoy sé que todo tiene remedio.
Sonrisa, constancia y fuerza harán imperio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario