24 de marzo de 2012

Sesenta y seis.


Estaba en la calle, yendo hacia la panadería, cuando me encuentro a una ex amiga que hace años que no la veía. Y eso que no vivimos tan lejos. Esta chica era una de mis mejores compañeras en mi antiguo colegio. Siempre ha sido muy extrovertida, no se callaba ante nada ni nadie, algo hiperactiva y muy, muy chillona. Iba con un chico de la mano, un chico que me resultaba bastante familiar, pero que no se me venía a la mente su nombre. Estaban delante de mí; es decir, ellos todavía no me habían visto.
Ha crecido mucho. Yo casi la sacaba dos cabezas, siempre había sido la más pequeña de la clase, pero ahora es más alta que yo. Como ya he dicho, esta chica siempre chillaba mucho, por lo que no era extraño que yo, estando unos pocos metros detrás, escuchase su conversación.

- Mi madre me ha dicho que no puedo tardar mucho.
- Vas a estar en tu casa antes de las doce.
- Ya, pero no sé. Todavía no me ha dicho un sí rotundo.
- ¿Pues a qué esperas? Díselo cuanto antes, y que te dé un sí, que ya se lo he dicho a toda la peña.
- ¿Pero y si no me deja?
- Pues se lo ruegas, por una vez que vas a llegar algo más tarde…
- Sí. Qué fácil es decirlo, no te jode.

Entré a la panadería, por lo que me alejé un poco de ellos. Cogí el pan, el panadero me dio un chicle de regalo (como siempre, qué majo el hombre) y, al salir, me los volví a encontrar. Pero esta vez venían de frente. Y no me pude dar la vuelta. Por muy sutilmente que lo hubiese hecho, habría quedado muy mal no haberlos saludado.
Ahora, al verlos de cara, me pude fijar más en los cambios que había pegado mi amiguita. No me equivocaba diciendo que había crecido, qué va…

- ¡¡Midooons!! (creo que el barrio entero se giró para mirarnos…)
- Anda, ¿qué taal? (demasiado tarde, ya se me había lanzado al cuello para abrazarme. Yo no la tocaba. ¿Después de tanto tiempo, sin llamarme ni nada, me iba a poner a abrazarla en mitad de la calle y con una barra de pan en la mano? Lo lleva claro, vamos).
- Joder, ¡cuánto tiempo sin verte! (todavía me seguía dejando sin respiración…) ¿Cómo va tu vida, mujeer? (al fin se dignó a dejar de ahogarme).
- Ah, pues muy bien, muy bien. ¿Y la tuya?
- Genial, disfrutando de mi maridillo (y va y, delante de mí, le suelta un morreo al tío de antes que, ya dije, me era muy familiar).
- (Aparto un poco la mirada, notablemente incómoda) ¿Ah, sí? ¿Y no me has invitado a la boda? (falsedad, falsedad everywhere).
- ¡¡Ah, pues claro!! Esta noche va a ser, detrás del Mercadona. ¿Te apuntas, no?
- Venga ya, ¿qué vais a hacer en ese descampado, locos? (ya me estaba dando cuenta por dónde iban los tiros, ya…).
- (Mi amiguita baja la voz y se acerca más a mí) El botellón del año, loquilla. Adri se encarga de las bebidas, tú solo tendrías que venir y punto.
- ¿Adri? ¿El que venía con nosotras al colegio?
- Sí, Adri, Adri.
- Ah pues (loading…) es que me voy al Xanadú con unos amigos y me da que no va a poder ser, ¿eh?
- Joder, pues qué pena, con las ganas que tenía yo de verte otra vez.
- Sí, sí. Y yo (no te lo creas). Bueno, pues otra vez será. Ya me pasaréis las fotos de la boda.
- Agrégame al Tuenti, que te etiqueto (y tras esto, y otra sesión de asfixia entre sus brazos, me voy a mi casita bien agarrada de la barra de pan).

He encontrado su perfil en Tuenti.
La he bloqueado.

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