30 de marzo de 2012

Setenta y tres.

¿Dónde estabas tú cuando el dolor se pintó en ocre o cuando aquella profesora frustrada me llamó mediocre? Cuando vi aparecer sombras en el pasillo y sufrí insomnio discutiendo con mi ángel y demonio. ¿Y dónde estabas tú en aquel dilema? Dime dónde estabas cuando la ansiedad me ahogaba, cuando cada pensamiento me provocaba arcadas y cuando temblaba cada poro de mi piel.

Nadie que me abrazara y me dijera: Tranquila, todo irá bien.

Tú no estabas allí. No viste mi mitad triste, ni mis despistes, no fuiste el muro que te crees contra los embistes.

¿Dónde estarás cuando el futuro se tiña en negro y llore recordando los triunfos que hoy celebro? Estaré sola, mirando al pasado con gesto cansado, pero contenta y realizada, sabiendo que lo di todo. ¿Dónde estarás cuando se cierre el telón o cuando solo sea una loca sin inspiración? Cuando el espejo se vuelva mi enemigo y me eche en cara todas mis arrugas. Cuando tenga miedo a mi temor por hacerme vieja. ¿Dónde estarás tú cuando todos me olviden, cuando no consiga darles lo que piden y se giren? Tú no estarás allí en mis horas flojas, ni en los días y ni siquiera en los años desgastados.

Así lo prefiero, pero no niego que en aquel dolor sufrí la espera. Pero ni estuviste ni estarás cuando nací ni cuando muera.

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