2 de abril de 2012

Setenta y cuatro.


Esto es, en una palabra, felicidad. Felicidad eterna. Te quiero y tú me quieres. Nos queremos. Nos amamos y nos deseamos. Y cumplimos el deseo del otro, sin necesidad de pedírnoslo con palabras siquiera. Contigo todo es perfecto, porque haces desaparecer todos mis defectos. Esto es incomparable a cualquier otra sensación. Es un sentimiento que debería estar prohibido. Una droga. Sí, eso: tú eres mi droga. Y soy adicto a ti. Tan adicto a ti que, si te vas, mi mente ya no piensa por sí sola; te necesita a ti constantemente. Yo te necesito a mi lado. Y lo mejor es que tú te quedas, porque tampoco eres nadie sin mí. Te quiero y quiero que esto no se acabe nunca. Y no va a acabar, tenlo por seguro, porque eres mi presente, serás mi futuro y eres lo mejor que me ha pasado.

¿Que no hay mal que por bien no venga? Una mierda. Me viene el mal por rachas. Rachas que no aguanto. No paro de llorar, todo es sufrimiento. ¿Por qué coño pasa siempre todo en el peor momento? Mis lágrimas se quedan disecadas en este cuento de rosas, de las que ya no queda nada. Solo espinas. Espinas que están clavadas en el fondo de mí, y que formarán, de ahora en adelante, mi vida. Siento cómo mi corazón se rompe en trozos. La tristeza que vive en mi interior nunca se ha ido, y ahora me golpea con toda su fuerza. La oscuridad me acompaña, y eso hace sentirme solo: vacío por dentro y sin fuerzas para sonreír. Estoy triste, sí, pero intento fingir que soy feliz. Triste por tu adiós, aunque yo todavía no quiera despedirme. No quiero salir de mi habitación, no quiero dejar de llorar, no quiero hablar con mi madre, ni con mi padre. Solo la pared me entiende, y solo ella comprende los gritos que la lanzo. Gritos ahogados e inundados en lágrimas…

Sé que se nota mi enfado. Estoy enamorado del odio, de la rabia. He llorado tantas veces por ti que incluso ya lo hago por costumbre.  Del amor al odio hay un paso: te odio, pero te quise. De las mil veces que sufrí, tú, como mucho, una sufriste. Me la has jugado tantas veces que ya ni siento. Ya no deseo tu felicidad, solo quiero ver tu sufrimiento. Quiero verte muerta. Oh, dios, estoy enfermando. El odio crece y la rabia alivia. Una persona como tú jamás me merecería, cada vez que pienso que estuve contigo me doy vergüenza. Te di amor, ¿y así es como me lo pagas tú? No era relación de amor, era relación de esclavitud.

Estoy enfermo. Estoy nervioso y ya no me noto el corazón. ¿Me habré vuelto insensible? Te maltrataría: te ataría con cuerdas de alambre. Gotas de sangre cayendo sobre el suelo. Vamos, finge y gime ahora. Ahora es hora de que tu propia paranoia acabe contigo. Me gustan las marionetas. Me gusta manipular. Me he vuelto loco, pero así he de estar: consumido por fuera y muerto por dentro. Mi dolor ahora será tu féretro; por mi obsesión tu vida ahora depende del médico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario