Esto
es, en una palabra, felicidad. Felicidad eterna. Te quiero y tú me quieres. Nos
queremos. Nos amamos y nos deseamos. Y cumplimos el deseo del otro, sin
necesidad de pedírnoslo con palabras siquiera. Contigo todo es perfecto, porque
haces desaparecer todos mis defectos. Esto es incomparable a cualquier otra
sensación. Es un sentimiento que debería estar prohibido. Una droga. Sí, eso: tú
eres mi droga. Y soy adicto a ti. Tan adicto a ti que, si te vas, mi mente ya
no piensa por sí sola; te necesita a ti constantemente. Yo te necesito a mi
lado. Y lo mejor es que tú te quedas, porque tampoco eres nadie sin mí. Te
quiero y quiero que esto no se acabe nunca. Y no va a acabar, tenlo por seguro,
porque eres mi presente, serás mi futuro y eres lo mejor que me ha pasado.
¿Que
no hay mal que por bien no venga? Una mierda. Me viene el mal por rachas. Rachas
que no aguanto. No paro de llorar, todo es sufrimiento. ¿Por qué coño pasa
siempre todo en el peor momento? Mis lágrimas se quedan disecadas en este
cuento de rosas, de las que ya no queda nada. Solo espinas. Espinas que están
clavadas en el fondo de mí, y que formarán, de ahora en adelante, mi vida. Siento
cómo mi corazón se rompe en trozos. La tristeza que vive en mi interior nunca
se ha ido, y ahora me golpea con toda su fuerza. La oscuridad me acompaña, y eso
hace sentirme solo: vacío por dentro y sin fuerzas para sonreír. Estoy triste,
sí, pero intento fingir que soy feliz. Triste por tu adiós, aunque yo todavía
no quiera despedirme. No quiero salir de mi habitación, no quiero dejar de
llorar, no quiero hablar con mi madre, ni con mi padre. Solo la pared me
entiende, y solo ella comprende los gritos que la lanzo. Gritos ahogados e
inundados en lágrimas…
Sé
que se nota mi enfado. Estoy enamorado del odio, de la rabia. He llorado tantas
veces por ti que incluso ya lo hago por costumbre. Del amor al odio hay un paso: te odio, pero te
quise. De las mil veces que sufrí, tú, como mucho, una sufriste. Me la has
jugado tantas veces que ya ni siento. Ya no deseo tu felicidad, solo quiero ver
tu sufrimiento. Quiero verte muerta. Oh, dios, estoy enfermando. El odio crece
y la rabia alivia. Una persona como tú jamás me merecería, cada vez que pienso
que estuve contigo me doy vergüenza. Te di amor, ¿y así es como me lo pagas tú?
No era relación de amor, era relación de esclavitud.
Estoy
enfermo. Estoy nervioso y ya no me noto el corazón. ¿Me habré vuelto
insensible? Te maltrataría: te ataría con cuerdas de alambre. Gotas de sangre
cayendo sobre el suelo. Vamos, finge y gime ahora. Ahora es hora de que tu
propia paranoia acabe contigo. Me gustan las marionetas. Me gusta manipular. Me
he vuelto loco, pero así he de estar: consumido por fuera y muerto por dentro. Mi
dolor ahora será tu féretro; por mi obsesión tu vida ahora depende del médico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario