Vaya día. Con esas dos palabras lo digo todo.
Es
que creo que no me ha pasado nada bueno hoy. Si ya lo decía yo en el antiguo
post: esta semana no iba a figurar entre las mejores. Cuánta razón tenía yo
ayer por la noche, hay que ver.
En
la primera clase no hemos hecho nada, el profesor se ha limitado a preguntarnos
que qué era el PIB (Producto Interior Bruto) y que lo buscásemos en el libro. No
venía nada. Media hora hemos estado la mitad de la clase pasando las páginas
como bobos. Y digo la mitad porque la otra estaba dormida. En la segunda clase…
bueno, nada que decir.
Recreo.
Risas. Chistes. Y, luego, examen de matemáticas. Toma ya.
A
decir verdad, no me ha ido tan mal (gracias a lo que yo me sé): espero sacar
mínimo un 6. Y porque no rezo, que sino en vez de escribiendo ya tendría a Dios
sordo. Después del examen, un poco de relax: plástica; recreo y luego inglés.
Estoy
agobiada. Agobiada y estresada. Mañana tengo examen de francés en el instituto
(este es el que llevo mejor) y examen oficial de alemán en la escuela de
idiomas (de este prefiero no hablar). No hay lengua más fea en el mundo que el
alemán. Me siento nazi hablando así. Dices te
quiero y sigue sonando como si te estuvieran echando una bronca monumental.
Vaya mierda de idioma. Y yo que me
quejaba del francés por ser tan cursi, ahora me quejo del alemán por ser tan heavy.
Auf wiedersehen.
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