Si os soy sincera, no quiero
que empiece esta semana. No quiero ir al instituto, ni mucho menos dar clase. Lo
que daría por quedarme en casa, encerrada, con Word y unas cuantas latas de
Coca-Cola. Y no es porque no me guste aprender, no es porque no me guste
conocer cosas nuevas, saber de historia, incluso no me importaría saber un poco
más de ecuaciones, de células o de átomos. Pero esta semana sé en lo más
profundo de mi corazón que no va a ser una buena. Es una de esas sensaciones
malas que tienes. Que sabes que algo va a salir mal, sin poder explicarlo. Intuición creo que lo llaman.
Lo que daría por no ir al
instituto. Por ponerme mala, incluso; por coger una gripe de las gordas y
quedarme en cama durante cinco días. Lo que daría…
En fin, qué se le va a hacer.
Es la rutina. La simpática y dulce rutina.
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