4 de marzo de 2012

Veintidós.

Si os soy sincera, no quiero que empiece esta semana. No quiero ir al instituto, ni mucho menos dar clase. Lo que daría por quedarme en casa, encerrada, con Word y unas cuantas latas de Coca-Cola. Y no es porque no me guste aprender, no es porque no me guste conocer cosas nuevas, saber de historia, incluso no me importaría saber un poco más de ecuaciones, de células o de átomos. Pero esta semana sé en lo más profundo de mi corazón que no va a ser una buena. Es una de esas sensaciones malas que tienes. Que sabes que algo va a salir mal, sin poder explicarlo. Intuición creo que lo llaman.
Lo que daría por no ir al instituto. Por ponerme mala, incluso; por coger una gripe de las gordas y quedarme en cama durante cinco días. Lo que daría…

En fin, qué se le va a hacer. Es la rutina. La simpática y dulce rutina.

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