17 de abril de 2012

Ochenta y cuatro.

Dinero. Por él baila el globo y el perro, y el amigo se echará a un lado y volverá por donde vino, y el único camino de vuelta será el destino: el beso del asesino a oscuras que vendrá a mi entierro. Y me encierro. El dinero es Dios. Lo veo en sus ojos: la traición. El paulatino gesto de atención que buscan, la brusca reacción del que oculta. El error es cuando al interior lo mueve el oro y el bronce, entonces ya no hay quien lo reconduzca. Surca el mundo donde el oro es negro. Todo tiene un precio. Allí donde veo que amor y el amor al dinero se bifurcan, voy andando, pero dame tiempo. Lo quieren para hacer nada. Lo usan. Se excusan tras él. Pero se descubre, la verdad lo pone todo en su lugar. El tiempo es el único elemento que nos puede curar. Mirad: es oro, es relativo, es esquivo; y el ser vivo lo envidia. Lo aceptamos, lidiamos. Si lo malgastamos, nos fastidia; es el espacio entre recuerdos, es la cordura que nos ata a la vida, es lo que siempre quisimos matar. Pero en realidad es el tiempo el que nos mata.

¿El amor? El único digno es el propio y hay que hacer acopio de él. Y reservarlo, no enseñarlo. Es necesario. Amar es saltar de un trampolín desconociendo qué hay debajo, el amor es la amistad sin trabajo, un pedazo de cielo en un abrazo. Un flechazo, un coñazo, un plazo de tiempo y espacio donde, al final, el rechazo dolerá como un balazo.

Lo que cuesta, dicen, es una apuesta segura. Lo único seguro es que no hay apuesta sin duda. Que las herencias de los padres tiran el amor fraternal a la basura. Que no hay más pura lealtad que un amigo que escuda los golpes de una mano vacía, a la vez que desnuda, como el alma que los inflinge. Y el llanto quiere escapar y se acumula en la laringe. Y una se debe hacer adulta a los quince.

¿La salud? Es la mentira que te llevarás al ataúd. Tú sueña con la eterna juventud, como si la parca no existiera. La vida es tan corta y absurda y absorta y dolorosa que desborda personas. ¿Qué más da entonces? Si solo hay fatiga en seguir sueños que quizá no consiga. Me siento una hormiga si miro hacia arriba. Vida corta, sí; intensa, eso ya se decide. ¿Es triste? Sé que estar vivo es relativo con tener o no que irse, “pues solo si alguien piensa en uno, uno existe”.

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