11 de abril de 2012

Setenta y nueve.

Vale, vamos a ver… Necesito descargarme con una persona en concreto. O quizás con dos, pero la segunda prácticamente me da igual. Así que…

Nota a Innes: es sobre el instituto, si no quieres saber nada mejor que pares de leer. Quien avisa no es traidor.

Pues bien, empiezo:
Estamos en la última hora. Subimos de Educación Física (que no me escuche decir gimnasia), la mayoría sudados, y yo con una sed terrible. Aún así, y porque veo a la Señora House en el baño, me meto directamente en clase, donde está esperando ya la profesora. Estoy a punto de sentarme cuando me fijo en que L va hacia la profe para pedirle, según alcancé a oír, si podía ir al baño. Ocasión mía, cogí mi botellita (ya es tradición) y voy derecha a llenarla.

– ¿A dónde vas? – me para a mitad de camino, casi en el pasillo ya.
– Al baño un momento, es para llenar la botella.
– Volando, vamos.

Como Superman. Ya en el baño, aparece de nuevo la Señora House. Van desalojando todos y yo me quedo como una tonta llenando la dichosa botellita.

– Vamos, filóloga, que necesito el baño para mí solita. (Sí, filóloga, últimamente no me llama por mi nombre…)

Sonrío (poco, no os vayáis a creer), asiento y el baño y ella se unen en un mismo espacio, completamente solitos.
Entro en clase y empezamos a hablar de una prueba que tendremos que hacer dentro de nosécuántos días, en la que entra una parte de matemáticas (oh, no) y otra de lengua (oh, sí). Nos da los exámenes de los tres últimos años de esa misma prueba y, con la calculadora escondida, me pongo a hacerla. Y, mira, yo para hacer ésto necesito concentrarme; si no te callas no puedo calcular nada. Si me hubieras pillado en otra asignatura, hasta podrías cantar o bailar una sevillana, pero yo no me puedo concentrar cuando una persona está hablando del Derbi de esta noche (acaba de marcar el primer gol Ronaldo, wii) como si estuviera contándole una historia a sordos.

Vale, con eso y todo, conseguí hacer algún que otro ejercicio. Luego se puso a corregir, lo normal, y yo en mi rinconcito mirando y mirando. Y que conste que el estar mirando, en mi caso, también cuenta con el acto de prestar atención, pero parece ser que esta profesora en concreto no se lo llega a creer mucho.
Al terminar (por fin), cojo mi mochila (que, joder, cómo pesa) y paso por delante de ella. Me vuelve a parar, por segunda vez ese día y, mientras todos están en el estado de Por fin la hora-Llegar a casa-Salir cuanto antes de aquí llevándome a todos por delante

- Te veo ahí muy perdida, ¿has hecho algo acaso? Que te tienes que poner las pilas, que podrías sacar mucha más nota en éhto, Midons.
- Pero si he hecho todo, y me estoy poniendo las pilas. ¿Te enseño la hoja…?
- Es que te quedas mirando así y a veces das miedo, hija. (What the fuck?) Sí sí, no me mires con esa cara. Es que estás ahí, callada y muy silenciosa, y cuando miro a esa esquina siempre te veo mirándome y pienso: ¿En qué estará pensando? ¿Tramará mi asesinato?
- No, hombre… Asesinato no…
- No, ya ya, pero que a veces me gustaría leer tu mente, sabes lo que te digo, ¿no? (Asiento, asiento) Que ser silenciosa y pausadita no está bien (¡! Ya comienzo a ir hacia la puerta, queriendo alejarme de ésta loca) Últimamente te veo muy callada, ¿te pasa algo?
- ¿A mí? Qué va, si estoy la mar de bien. (Me mira como diciendo ¿En serio? A mí me lo puedes contar, ¿eh?) De verdad…
- Ah bueno, pero no te me pongas negativa, que parece que es como estás, e intenta ponerte con ésto, que es muy importante, ¿vale?
- Sí sí… (Libree, como el Sol cuando amanece yo soy libree, como el maar).

Tampoco tengo tanta confianza (ni la tendré) en ella como para contarle mis penas (que no tengo, que eso es lo fuerte). Ya han sido dos que me han llamado pausadita, y quizás es lo que me molesta. O quizás es que han sido las dos que más me joden, por decirlo suavemente. La primera en mitad del pasillo (por lo menos la que he descrito me lo dijo solo a mí, no lo gritó a los cuatro vientos), diciéndome, literalmente: “Ay, el día que Midons Apellido se dé prisa, me tendrá que avisar para correr a su lado”. Vale que ésto fuera a principios (más o menos) de curso, pero todavía no se me ha olvidado. Perdono pero no olvido. Efectivamente, Señora House.

Pues ya está, yo creo que ya me he quedado a gusto.
Ya se le ha pasado el turno al ordenador, ahora le toca a la pared y a mis leches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario