He puesto ojitos y ya me han dado el ordenador. Nadie se puede resistir a mí, moahaha. Pero ayer me aburrí tanto que, visto lo visto, la inspiración tocó a mi puerta y tomamos unas cuantas copas. Y charlamos, vaya que si charlamos.
Si estoy
sola, tú me acoges.
Eres mi
fiel compañía.
Me
hablas sincera y me esperas cuando empieza el día,
mi guía,
mi faro de Alejandría. Si me ves perdida
te miro
y elimino la tristeza de un suspiro.
Das
sentido a mi existencia.
Tu
desobediencia, tu sola presencia merece mi reverencia.
Tú me
diste un don, fuiste mi espada,
siempre
encerrada en tu prisión si la inspiración faltaba.
Desde la
nada me abrazas, no prohíbes amenazas.
Tan
romántica y auténtica, tú nunca te disfrazas.
Como un
hada y un verdugo: firme escudo en la batalla.
Tú, a
quien acudo si otros me fallan.
Me das
retos, aventuras y responsabilidad.
Puedes
dar éxitos y dinero, pero quitas intimidad.
Me
exiges crear, me haces temblar, soñar, me curas,
eliges
elegidos para hablar si las calles están mudas.
Pero me
desintegras pintando estas noches negras,
me
alegras, me invades, me evades, alejas tinieblas
y me
resucitas siempre.
Nunca me
mientes.
Eres el
recipiente donde mis lágrimas se vierten.
Llegas y
me das oxígeno, mi único somnífero
si el
mortífero estrés tensa mis músculos.
Discípula
de tu inmensa maestría.
Cuando
no te conocía,
¿cómo
podía vivir sin percibir tu melodía?
Fuiste
mía y sólo mía en mis horas de miseria.
Compones
la banda sonora de esta tragicomedia.
Tú,
reina entre mil reyes, cumbre de mis valles,
me
levitas y así evitas que tanto odio me ametralle.
Tú, si
eres poesía muestras denuncia y carisma,
pero te
vistes de teatro y sigues siendo la misma.
Eres tú,
mi suerte.
Eres tú,
tan fuerte.
Eres tú,
tú, tan diferente.
Surges y
de repente la vida olvida a la muerte.
Eres tú,
la rabia sucia y rasgada de Kurt Cobain
o la
grandeza de John Coltrane improvisando con el saxo
o la
mirada aniñada en los ojos de Michael Jackson.
Bebí de
ti el elixir y resistí los golpes,
si fui
torpe encontré por fin mi norte y soporte.
Inmortales
versos y párrafos hacen que el tiempo se pare,
estallan
como bombas provocando ondas letales
de
esperanza, de aliento y vida, mi gran amiga
solo tú
haces eficaces todas las frases que escriba.
Mi
balanza, mi paz, mi druida.
Sólo tú
haces realidad los sueños que yo persiga.
Mis
sueños son mentiras que algún día dejarán de serlo.
Y es que
sin ti no hay destino, sólo piedra y mil caminos,
sin ti
soy un mimo temblando en el camerino.
Pero tú
acoges mis voces si me ves desorientada.
Eres la
llave inmortal que abre este mental presidio,
abarcas
desde Quevedo hasta el Ojalá de Silvio.
Eres la
métrica enigmática que envuelve mi ser y lo salva.
El
idioma con el que los dioses hablan.
Eres
poesía.
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