No hace ni veinte minutos que mi padre se puso sentimental y me pegó una charla (de veinte minutos, ¿a que no os lo esperábais?) sobre mí cuando era pequeña. Apenas le estaba atendiendo, pero le empecé a a escuchar cuando decide “contar” mi vida como si yo hubiese seguido en el colegio al que iba antes, a uno público de mi barrio. Él piensa por lo visto que soy tan moldeable que, de haber seguido con esas compañías tan inocentes, ahora mismo sería una fumadora compulsiva y que me masturbaría todas las noches pensando en cigarros (no exagero, de hipérboles nada). Mi madre, en cambio, que luego se metió en la conversación (o monólogo), piensa que seguiría siendo yo. Con mis pros, con mis contras; pero yo, al fin y al cabo. Se han enzarzado en una conversación que trataba de lo rara y diferente personalidad de su hija con respecto a los demás chiquillos de su edad.
Lo típico, lo que estoy ya cansada de escuchar: que si soy demasiado tranquila, que no hablo tanto como ellos querrían, que si no me divierto como todos los demás, que si soy más de cómics de superhéroes que de películas porno...
Hace dos horas que me levanté de mi “siesta”. Tenía sueño porque ayer no conseguí pegar ojo hasta bien pasadas las doce de la noche. Hay que joderse lo difícil que es lograr cerrar los ojos, que ya de por sí es un esfuerzo; respirar profundamente las veces que sean necesarias y dormirte. Últimamente me está costando un horror conciliar el sueño, el maldito sueño, que en vez de perseguirme él a mí, ahora le debo alcanzar yo. Como hará dos veranos ya (¿ya?), que eran las cuatro de la mañana y todavía seguía mirando al techo de mi habitación. Aunque, claro, eran otros tiempos, otras razones para no soñar. El sueño ya era mi vida, ¿para qué descansar? En aquella época (parece que hace eones) lo real superaba lo ficticio.
Ahora, es ahora, cuando desearía vivir en el mundo irreal de, pongamos un ejemplo, Star Wars. Aunque en guerra, por lo menos sería divertido.
Poco sentido tiene lo que he escrito, es cierto. No me voy a parar a leerlo, lo publicaré sin más. Qué más da.
Ahora me iré a ver El Mentalista, que falta me hace un psicólogo.
Y ya mejor si se especializa en los crímenes.
Pues para no estar inspirada Midons, buen texto que has escrito. Y bastante bien escrito, a pesar de que hayas estado distraida.
ResponderEliminarDigan lo que digan. Sirves para esto, y mucho más. Sigue con tu serie..