¡He
hecho pellas! ¡Nos hemos pirado todos
del colegio en la clase de matemáticas!
Con
la profe.
Después
del recreo, sobre las once menos cuarto o así, y después de que la Discípula
House fijase las fechas para todos los exámenes que vamos a tener de sus dos
asignaturas (sí, jódete, lleva dos), cogimos algo de dinero y bajamos al chino
de enfrente del colegio. Yo llevaba dos míseros euros que, encima, tuve que
compartir con Delac, por una deuda que teníamos desde el viernes (y que ya está
saldada, ¿eh?).
-
¡Tened cuidado con el paso de cebra, pasad de dos en dos, no os vayan a pillar
los coches!
-
La verdad es que ésta no sirve de Guardia Civil, mírala: si parece un cinturón
envolviendo a una gorda – dice M, siempre con sus comentarios tan graciosillos.
-
O una gorda secuestrando a un cinturón.
Con
nuestras patatas, Coca-Colas (marca-chino) y Chupa-Chups (los favoritos de
Delac), volvimos a entrar al colegio y pasamos por esa Mini Guerra Mundial
llamada, comúnmente, recreo de los de Primaria.
-
Oh… Pero qué monada.
-
¡Yo quiero un niño igual que ése, mírale! Si tuviera unos cuantos años más no
se me escapaba.
-
Antes le cogería yo, guarra.
-
Yo a mi hijo le llamaré Aiden.
-
¡Yo Íker!
-
Pues yo Felipe Luis Mariano González Santa-María de Dios.
Y
yo, que no me gustan los niños, únicamente intentaba esquivar esas bombas
letales (o filas de bebés con mocos) y llegar sana y salva al aula de
Tecnología. Lo conseguimos, aunque parezca mentira. Sigo viva, demos gracias a
Zeus. Una vez en la clase ya nombrada antes, la gente esparció su comida entre
las mesas, y yo, como la rácana y tacaña que soy, me guardé mis Ruffles y me
las comí todas, aunque la Coca-Cola no llegué a terminármela.
Delac
y yo sacamos los móviles (la profesora nos dejó; que somos malos, sí, pero a
escondidas) y nos pusimos a hablar por Whatsapp a un metro o dos de distancia.
-
¿Con quién hablas, Delac? – pregunta a mi compi
la Discípula House.
-
Pues… (aparta el móvil de la mirada cotilla de ésta) Con… (me mira a mí).
-
¿Con Midons? ¡No me lo puedo creer! Pero si estáis al lado.
-
Pero estamos diciendo cosas que no se deberían decir en alto – contesto yo,
lanzando una mirada cómplice a Delac.
-
Anda, anda. ¿De qué habláis?
Delac y yo nos quedamos mirándonos, sin saber qué contestar. ¿Y a ella qué la
importa? La verdad es que se la notaba, y a la legua, que se aburría. Intentó
unírsenos a la charla pero, supongo y espero (y con malicia), se dio cuenta
(demasiado tarde, pero algo es algo) de que sobraba. Intentó animar la fiesta, que casi se nos echa a bailar
una sevillana (antes muerta que sinsilla)
e intentó aprenderse los pasos de baile de Nothing, S y F. Me gustaría verla en
Fama, sería divertido, para variar.
Nos
pusimos a jugar a las cartas. Un juego que, si no me equivoco, se llamaba “El
Mentiroso”. Consiste, básicamente, en mentir (¡no!, ¿en serio?): tú tienes una
pareja, que en mi caso fue Delac; y unas cartas, que en mi caso fueron malas, y
tienes que intentar conseguir cuatro con el mismo número; cuando las tengas,
tendrás que hacer un guiño a tu compañero, que como ya he dicho fue Delac, y que
los demás, a ser posible, no se enteren. Pues bien, mi guiño para que mi compi se diese cuenta de que tenía
cuadrado fue mover mis gafas de arriba abajo unas cuantas veces.
Casi
se me desgasta la nariz, sólo digo eso. Y ni se dio cuenta.
-
¡Venga, ahora a plástica! ¡Viva la Revolución! – es lo único que se oía en el
intercambio de la pedazo de fiesta y
la siguiente clase.
La
profesora nos dejó el examen encima de la mesa. Bastó una simple mirada mía y
de mis gafas para que me diese cuenta de que este examen se iba a quedar más en
blanco que cualquier otro. Pero mágicamente, y por petición de toda la clase
(no muy civilizadamente, todo hay que decirlo), nos ha pasado el examen al
lunes que viene. Que seguramente lo deje también en blanco. No sé con qué
estaré más desquiciada, si con esto de hacer perspectivas, lo otro de geometría
o los malditos solutos y disolventes de química.
La
vida son dos días y (algunos) los pasamos haciendo fuerza con los codos.

Hay al menos dos cosas que están mal en esa entrada:
ResponderEliminarEn primer lugar, te queda aún la mitad de la deuda.
En segundo lugar, el juego al que jugábamos en¡ra El Cuadrado. M sugirió jugar a El Mentiroso. Pero al final, no fue.
Chí, chí, chí...
Es verdad.
ResponderEliminar¿Me perdonarás algún día?
Ay, hija mía.
ResponderEliminarAve María, madre de DIOS.
Estás perdonada y purificada.
Ahora, mi indulgencia.
:)
Se llama Cuadrado ¡INCULTA!
ResponderEliminar:'(
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