31 de mayo de 2012

Ciento veintitrés.

Difícil se hace imaginar que esta adaptación de los Vengadores no emocione al más purista aficionado a las aventuras en papel y dibujos del grupo. Dotada de un impresionante diseño de producción en el que no se repara en medios para asaltar nuestra capacidad sorpresa, la película tiene la rara virtud de no descuidar el detalle ni la caracterización de sus personajes. Una caracterización bien lograda a través de diálogos sin las fisuras que solemos (o por lo menos suelo) encontrar en otras películas de superhéroes (véase la antigua “saga” de Spiderman): el Capitán América, Nick Furia, Thor, la Viuda Negra, Hulk… Todos hablan con la coherencia que se les supone, sin diálogos forzados o que chirríen. Da la impresión que para hacer esta película no se ha pensado en primer lugar en el lenguaje cinematográfico. No, al contrario, parecería que primero se ha escrito otro cómic más como si el destino de la historia fuera permanecer por y para siempre en una estantería. Como si se hubiera concebido sin parar a pensar antes en lo que costaría plasmarla en imágenes. Como si eso fuera un problema menor que ya se iría resolviendo con una buena combinación de talento y dinero (que no falte).

Y se ha logrado. Se ha logrado, porque el gran público, ése que conoce a los personajes sólo a través de sus encarnaciones cinematográficas, también disfrutará del espectáculo gracias a ese buen trazo en la construcción y plasmación de una historia. No entenderán las bromas privadas ni gran parte de los guiños diseminados (que los hay), pero igualmente, gracias a ese respeto al espíritu de la aventura fantástica, se sentirán mecidos por el entretenimiento, llevados de la mano por esta estupenda cinta.

Insisto, Josh Whedon es El Fan. Sabe de lo que habla, y se nota. Hace la película que a él, como buen aficionado, le gustaría ver. Y también se nota. Se nota en los diálogos, en los giros sorpresa, en el comportamiento de los personajes, hasta en el movimiento de la cámara. Todo está calculado con un inmenso cariño por los personajes y por lo mejor de los valores del cómic que desarma al más frío y que atraviesa la pantalla, llegando también al espectador ocasional, ese que está en la butaca porque ha sido arrastrado por sus amigos. Con detalles, con matices que sólo alguien que conoce muy bien el terreno en el que pisa sabe que tocarán el resorte emocional de los que han sobreimpresionado en sus retinas tantas y tantas viñetas (cada cual mejor), pero sin excluir al resto.

Los actores, todos, sin ninguna excepción, son geniales. Con un Robert Downey Jr (este tipo me encanta, tanto aquí como en Sherlock Holmes) que es el perfecto Tony Stark y que se echa a la espalda las mejores interacciones con el resto de personajes, con mención especial para un Tom Hiddleston que hace suyo un Loki que no cae en la caricatura de Loco en ningún momento. Mi especial sonrisa a ese Hulk, siempre tan brillante y verde.

Los Vengadores consigue que la emoción de releer las historias de estos personajes sea amplificada por la magia. La magia del cine.

Difícil pedir más, salvo rogar que, por una vez, los espectadores no abandonen la sala en cuanto empiecen a rodar los créditos. Se recompensará la paciencia: hay sorpresa al final. ¡Secuela, secuela!

Aunque, claro, ésta es únicamente una crítica de una fan empedernida que, desde que sabía comprender dibujos y diferenciar las vocales, ya tenía un cómic de Spiderman en la mano. Y en la otra de Hulk. Y, si tuviera tres, del oscuro Batman.

1 comentario:

  1. La palabra "crimen" o " delito" tiene varios significados, pero sin duda uno de ellos es "abandono de la sala como si tuvieras un petardo en el culo en cuanto aparecen los créditos".
    Yo ya me he cansado de rogar: puedes pasar directamente a las maldiciones gitanas o cometer asesinatos virtuales.
    Y disfrutar de que tú y tres o cuatro raros más seguís ahí sentados y constatarlo significa en el fondo que todo está bien, y como tiene que estar.

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