6 de mayo de 2012

Noventa y ocho.

Cuándo: 4 am.
Cómo: con mucho, mucho miedo…

17:17. Estoy en la Plaza de Santiago. No me preguntéis dónde está porque ni yo lo sé. Hay una iglesia y es muy grande. Y asombrosamente vieja, no sé cómo hace para no caerse a trozos. Nos sentamos en una terraza que hay. Me muero de frío, ya que sólo tengo un pañuelo muy fino para taparme.

17:30. Todavía en la terraza, vemos acercarse al tío de mi abuelo (así que ya os podéis imaginar lo mayor que es) y veo miradas entre mi madre y mi abuela de “No, dios mío, éste no…” Por lo visto se llevan mal. Se sienta con nosotros, él y su familia, sin casi saludar. Mi padre paga lo nuestro rápidamente, para que ellos no se acoplen y les tengamos que pagar lo suyo también (tacaños, tacaños everywhere). El hombre este tiene cara de borde. Está sordo prácticamente. Empieza a hablar de la Guerra Civil diciéndonos lo mal que lo pasó en su pueblucho de León y termina charlando sobre los taxis de Madrid y lo mal organizados que están.

17:35. Me entero de que la hija del hombre de los taxis ha adoptado a una niña china. ¿Por qué? Tengo una cría de no más de 6 años dándome la lata y preguntándome si le dejo el móvil. El hombre de los taxis le dice a mi padre que la niña es de Rusia y que por eso fueron a buscarla a China (qué mal está el hombre). Se llama Candela, un nombre que me recuerda a una película de miedo, la típica chica con el pelo hacia delante que está en medio de un pasillo. Candela, dice su abuelo, es muy lista para su edad, pero extrañamente tiene el pelo rizado. Supongo que habrá ido a la peluquería, porque es muy raro encontrar una “rusa-china” con el pelo que no sea liso. Por lo visto llevará las flores de la novia y está muy preocupada por si lo hace mal. Me fijo más en ella. No me gusta su vestido.

17:40. Una chica de la familia del novio, regordeta y con la piel muy blanca, tiene el mismo vestido que mi madre. En el Corte Inglés había ese mismo de varios colores y las dos se pusieron de acuerdo en coger el mismo. La chica esta es muy risueña, y eso que la estoy mirando desde la terraza a una distancia considerable, ya que ella está en la iglesia. Mi madre se deprime, no se lo puede creer. Yo no paro de reírme.

17:45. El tío de mi abuelo y su familia se largan, no sin antes gritar a los cuatro vientos que sus hijos (que no pudieron asistir por no sé qué se inventó) eran ingenieros y que él mismo fue médico. Un minuto después, cuando ya se ha ido, mi abuela dice que el mayor de sus hijos trabaja en la Mahou. Dos minutos después vemos acercarse a un… amigo del novio, debería ser (tenía rasgos de venezolano y el novio es de Venezuela). Pero con el gusto en el culo:

- Lo que acabo de ver: un tío vestido de pingüino con zapatos marrones. – comenta mi padre, sin bajar siquiera la voz.
- Perdone, ¿me deja fuego? – dicho por el “pingüino”. Se hizo el sordo.

17:55. No levantamos el culo de las sillas de la terraza, pero la Plaza se está llenando de los invitados a la boda. Vemos a un chico joven con su pareja: una china.

- ¿Pero qué hace aquí la madre de la niña china (Candela)? – comenta irónicamente mi padre.
- Ha venido a reclamar lo que es suyo. – respondo.

Ya casi a en punto, la Plaza está a rebosar. Pero ni rastro de la novia. Nuestros ojos (los de mi familia) están puestos en todos los invitados que llegan, y vamos comentando a cada uno. Pero mi abuela es la que más gracia me hace:

- El hombre ese del chaqué… Según venía andando… ¡Es un maricón y entra a la iglesia! Lo que hay que ver…

18:15. Levanto mi culo helado de la silla de plástico. He dejado la Coca-Cola a medio beber, no aguantaba los escalofríos. Entramos a la iglesia, pero la novia todavía no da señales de vida. La iglesia es enorme y muy bonita. Majestuosa. El techo es impresionante y tiene una cúpula preciosa. El cura es muy joven (me recuerda al obispo de la serie esta mierdosa que se llamaba Toledo) y algo gordito. Todos están en silencio esperando a la novia, que por lo visto le gusta hacerse de rogar. El novio es gelatina.

18:20. Empieza la boda.
El cura, al comenzar la misa, confunde el nombre de la novia y la llama Beatriz. Mi madre da un respingo: “¡Yo no me caso otra vez!”, me susurra. La hermana de la novia lee unos versos del Cantar de los Cantares. Qué potito.

18:35. El cura da el sermón:
“Dios ha creado el amor, lo pone por encima de todas las cosas y no lo destruirá”.
- Menos el de los gays… - escucho un comentario por detrás de mí.
El cura se enrolla dando el sermón y lo termina explicando el enamoramiento de sus padres con pelos y señales.

18:50. - ¿Estáis decididos a noséquéynosécuánto? (poca atención que tenía yo en esos momentos…)
- Sí, estamos. – responden los novios.
- “Sí, estamos decididos”. Escuchad bien la pregunta y contestadla, por favor. – bronca del cura. No era yo la única que no estaba prestando atención a la pregunta.

18:55. Entrega de los anillos y las arras. Cuando le toca leer al novio, suena un móvil con la música de Ai seu ti pego. El móvil era un Alcatel. Cuando toca comulgar, pocos son los que se levantan para hacerlo. Excepto los venezolanos, que les gusta recibir hostias.

19.20. La ceremonia se me ha hecho larga, pero la música y la “orquesta” de lo mejor.

20:50 (salto descomunal en el tiempo). Ya estamos en el cóctel. No he podido ver bien el palacete porque el Diluvio Universal me lo impide. Nada más llegar, un camarero se tropieza con un invitado y cae las copas en la chaqueta de mi abuelo. Está hasta arriba de vino. Me he fijado en toda la gente que he podido, pero no tengo doscientos ojos. Hay una niña que está loca y no para de mirarme, tendrá alrededor de 14 años. Me da miedo.

21:10. Ahora estamos charlando con la gente, concretamente con el sobrino de mi abuelo. Parece majo, pero algo soso y estirado. Me recuerda a cierto político por sus extrañas cejas. Su mujer aparenta diez años más que él.

21:15. Odio besar a la gente, esta noche me lavaré con estropajo la cara.

21:16. ¡Viva la falsedad!

21:20. Me ha dado por probar un bombón que parecía de chocolate. Tiene crema de algo indescriptible dentro. Casi vomito.

21:25. Me he sentado en un sillón muy cómodo sola. Se lo he dejado a huevo a la niña loca de antes, que se ha acercado con la excusa de que me ha visto aburrida. Es muy nerviosa y no para quieta. Se pasa las manos por las rodillas continuamente, como para secarse el sudor. Saca el tema del fútbol y me pregunta de qué equipo soy.

- No soy una enamorada del fútbol, pero del Madrid.

Según cómo me mira, deduzco que es del Barça. Vuelvo a repetir el principio de mi frase, y se tranquiliza un poco. Cambia de tema al colegio:

- ¿A qué colegio vas? ¿En qué curso estás? ¿Cómo son tus profesores? ¿Qué notas sacas? ¿Colegio o instituto público? ¿Bolígrafo azul o negro?

21.45. Ya hemos bajado al comedor y la chica se ha sentado a mi lado. No para de hablar y de hablar, me tiene hasta los pies. Me cuenta toda su vida y saca a relucir un tema del que todavía hoy, y ya tranquila, me produce escalofríos:

- Mi profe de Gimnasia me pone. - ¡¡¡!!!

21:48. Me acabo de fijar en que encima de la mesa hay Playmobils con el nombre de cada invitado. Están basados en Star Wars, lo que me hace reír, porque el muñeco del novio es Darth Vader y la novia es Leia. ¡El marido es pedófilo, que es su propia hija, por favor! También me doy cuenta de que cada mesa tiene un nombre de serie de televisión. La mía es Los Serrano (aunque, que yo sepa, eran 7 y no 10), la mesa donde están mis abuelos (en la cual se sientan todos los “mayores”), se llama Gran Reserva; la de los juerguistas, amigos del novio, Modern Family; y la del marido y la mujer, Escenas de Matrimonio (había más, pero de éstas son las únicas que me acuerdo).

22:20. Los langostinos no me gustan. Ni los espárragos, ni el helado que acompañaba a los langostinos, ni la crema de marisco, ni la tarta de fresa, ni el licor de melocotón, ni el de lima… En conclusión: no he cenado.

0:10. El café sí me gusta. Solo.

1:00. Ya estamos en el baile. La sala es muy pequeña y somos más de doscientos invitados. Ya no tengo frío, estoy tan apretujada con la gente que me aso. Los novios no saben bailar el vals. Está todo muy oscuro, creo que algo me ha subido por la pierna.

2:15. Quiero irme a casa.

2:45. Quiero irme a casa.

3:15. Quiero irme a casa…

3:30. Convenzo a mi padre para que nos vayamos a casa. Pero vaya miedo que pasé en el coche. Mi padre había bebido más de lo que pensaba y no dejaba que mi madre condujera. Estaba apretujada en el asiento de en medio del coche, sin cinturón, entre mi abuela y mi madre. Mi abuela no paraba de rezar y pedir a dios que llegásemos a casa. Yo me puse música para no oírla. Mi padre iba demasiado rápido, más de un susto me dio. El corazón me iba a mil y estaba en tensión constante.

4:00. Llego a casa. Me enfado con mi padre y con su manera de conducir y de beber y me meto en la cama.

P.D: Lo dicho, lo divertido se lo llevan los novios a la cama.

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