Hoy, por el contrario, no hemos ni bajado, ni visto a ningún león.
Supuestamente teníamos que hacer el examen final, aunque en realidad lo
tuviéramos programado para el noséquédía
de la semana que viene. El martes creo, ahora que pienso. El caso es que lo
hemos hecho esta mañana porque ese día el profesor estaría dando clase en otro
colegio. El examen consistía en desarrollar una pregunta de las tres que nos
daba y ocupar, más o menos, una hoja (una cara, vamos).
Las preguntas eran:
1-. ¿Qué es para ti la fe y
cómo la profesas?
2-. No me acuerdo (jeje,
memoria de Dori. Perdón, Dios).
3-. ¿Qué entiendes por el
sentido de la vida y cuál es el tuyo?
No sabía qué responder a la primera, y la segunda obviamente ni la
tomé en cuenta, porque ya veis que ni me acuerdo de cuál era. Por lo cual,
elegí la última. Al principio me trabé, no sabía qué escribir; pero nada más
poner dos o tres palabras, ya me lancé a mover como nunca el bolígrafo (azul,
like my bottle) y rellené en un abrir y cerrar de ojos la hoja.
Escribí, resumiendo un poco, que el verdadero sentido de la vida lo
reconocemos cuando hemos pasado por una situación dura en el camino, situación
que nos marca y que nos hace ver el fondo de las cosas. Hasta ese momento sólo
vemos, por así decirlo, lo que se quiere
ver. Puse también que me era imposible dar una definición correcta del
sentido de la vida, porque cada cual tiene el suyo propio. Y tampoco me iba a
mojar y poner cualquier cosa.
Cuando lo entregué, me eché encima de la mesa, cerré los ojos y
así pasé el resto de la hora. Me he quedado a gusto, no hay nada mejor que empezar
el día filosofando un poco sobre la
vida.
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