Minutos antes de empezar el examen, hubo una pequeña disputa entre mi
Tocaya y Delac, que siempre se tiene que liar gorda un viernes-tarde a esas
horas. Ésta en concreto era por el sitio en el que se quería poner mi Tocaya (atrás
del todo) y las acusaciones de Delac y de la profesora de que ahí lo único que
haría sería copiar. No sé qué más pasó, porque tengo memoria de pez para lo que
quiero, pero mi Tocaya acabó llorando como una Mujer Desesperada. Estuvo todo
el examen así: entre convulsiones y sollozos bajos tontamente disimulados,
hasta que, después de entregarle a la profesora mi examen, JJ y mi Tocaya me
tomaron como ejemplo. La señora Pe (Delac´s
idea) la invitó a salir de clase a lavarse la cara y a tranquilizarse un poco
porque, francamente, ya era inaguantable. Me presté voluntaria para
acompañarla, me aburría demasiado sin hacer nada. Además, me iba a divertir.
Fuimos al baño. La tuve que obligar a que se lavase la cara. Me
debería pagar: le quité los pegotes de las gafas. Cuando se calmó un poco (un poco es poquísimo en esta chica) la pregunté qué la pasaba y que por qué se
ponía así, si fue por lo de Delac de principio de clase o por otra cosa.
– Por todo, es por todo. – me contestó todavía balbuceando.
– ¿Pero por qué? ¿Problemas en casa, con tu familia, gente de fuera,
del colegio…?
– Todo: cosas de mi familia, gente que conozco… La vida en general. –
me contestó muy dramáticamente.
Acto seguido me callé. ¿Y qué la
digo? Me resulta imposible animar a una persona que está deshidratándose
por los ojos. No, ahora en serio: no iba a preguntarle por sus problemas, pero
tampoco sabía cómo animarla. No cuando ni yo misma me lo podía hacer a mí hace
un tiempo. Se hizo un silencio sepulcral en el baño, ella apoyada en la pared y
yo frente al espejo, mirando al suelo a lo foto tuenti.
– ¿Nunca has querido desaparecer del mundo? – rompió ella el silencio.
Esta frase la hizo muy dramática, como si la hubiese sacado de un libro. Todo
en ella me recordaba a los libros, su forma de hablar en esas situaciones (lo
he podido comprobar) son muy artificiales (que eso no quita que sean sentidas),
como si sacase esas frases tan filosóficas de esos amigos suyos de papel y letras,
muchas letras.
– Pues… sí, supongo. Muchas veces.
– Pues es eso lo que quiero hacer ahora: desaparecer de este planeta y
no haber nacido nunca.
– (…) Pero no digas eso, Tocaya.
(…) Piensa que siempre habrá alguien que lo pase peor.
– Es que odio mi vida, la odio. Es una mierda. Ojalá pudiese cambiarme
completamente, pero siempre que lo hago acabo de mal en peor.
Justo en ese mismo instante entraron Delac y Arnaxela al baño (bueno,
Delac se quedó fuera, que el rosa no le va, ¿o sí?). Mi Tocaya murmuró
un “No…” nada más verles, así que les eché. Con cariño, claro, mucho cariño.
– Fuera, fuera, que estamos hablando de cosas importantes. Ale, ale. –
hice ademán de meterme con ella en uno de los baños, así conseguí que se fueran
(sonrisa malvada) y volvimos a nuestras posiciones de antes. – A ver, ¿por
dónde íbamos…?
– Te había dicho que ojalá me pudiese cambiar entera.
– Los que deberían cambiar serían ellos.
– Me refiero a que… (snif, snif) Pff, que cada vez que intento mejorar
siempre ocurre algo que me coloca en peor posición que la de antes.
– Pues inténtalo con más ánimos, si es verdad que quieres cambiar.
– ¿Pero cómo? ¿Tú cómo lo has hecho, cómo has cambiado?
– Un momento, ¿yo he cambiado? – pregunto yo, sorprendida.
– Mucho. Y te admiro por ello, ojalá pudiese ser como tú.
– (…)
– ¿Cómo lo has hecho?
– No sé… Es algo que me quita el sueño todos los días. – respondo
irónicamente, ya que ni sabía que había cambiado, ni mucho menos cómo lo había
hecho. Ella se ríe. La consigo sacar una sonrisa, al menos ya no lloraba.
– Son los estudios, las personas, hasta mi cuerpo…
– Tú de lo único que tienes que preocuparte es de una de esas tres que has dicho: estudios. Las
personas vienen y van, Tocaya, y siempre habrá más malas que buenas. Hay que
saber bien dónde buscar a las buenas, que las menos esperadas son los mejores
apoyos que te puedes encontrar. Los estudios ahora son, si no todo, casi.
Intenta aprobar, seguir con tus amigos de ahora… Pásate por ahí abajo a los
demás, que ya se irán.
– Per (…) ya (…) he perdido. – murmura entre dientes.
– ¿Qué?
– Pero este curso ya lo he perdido.
– No tiene por qué. Ahora te pones las pilas con los finales, intentas
aprobar la mayoría. Te puedes dejar las que más rabia te den para el verano.
Personalmente te recomiendo física y química, pero ahí allá tú (se ríe) y… por
ejemplo, biología, que lo llevas sinceramente mal. Todo lo demás a machacar,
¿prometido?
– Prometido. – se seca las últimas lágrimas.
Lo restante son datos que me
preguntó sobre los exámenes finales que paso de poner para no deprimirme más
aún. Salimos del baño, yo detrás de ella y, antes de entrar, me dice por lo
bajo:
– Deberías plantearte irte a psicología.
Me ha sorprendido esta chica. Tiene más mundo que Tolkien y Lewis
juntos y fusionados a lo Goten y Trunks. Y tiene que ser increíblemente
espectacular. Será rara, friki y llorona pero, oye, tiene su mundo interior.
Normalmente todos lo tenemos en el exterior.
A ver si cumple su promesa.
Me pones como si fuera la persona más perversa que ha poblado la Tierra.
ResponderEliminarQue en parte lo soy, pero tampoco en esta situación.
Tres clases de personas: las que tienen personalidad, las que tienen criterio y las que tienen vida interior.
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