El vaso de agua
que está en la mesilla de noche suele estar harto de su mierda de existencia.
Puedes llevar con él desde que tienes uso de razón, y tener con él un vínculo
afectivo que beneficia a todos, pero eso no quita que su cometido sea un
cometido repugnante. Porque te ve babear, roncar, descansar e infinidad de
cosas que le suelen dar bastante pena. Pena porque te ve como realmente eres y
pena porque son cosas que a él no le están permitidas. Y por la mañana, cuando
en vez de boca tienes una alcantarilla, es cuando le haces un poco de caso y le
dejas oliendo a cadáver. El vaso de agua que está en la mesilla de noche a
veces desarrolla una defensa bastante infalible contra las agresiones. Llena el
agua de burbujas. Burbujas que generan desasosiego. Porque esas burbujas son
tibieza y la tibieza es asquerosa. Y empezar el día con desasosiego es una mala
idea, porque luego el día tampoco ayuda. Y como el puto vaso sabe eso, y muchas
cosas, se ahorra tu beso de la muerte cada mañana a base de burbujas. Yo desde
que me di cuenta, me veo tentada a escupirle a diario, pero luego me enternece
porque le entiendo. Así que prefiero aprender a controlar el mundo de la
burbuja. Si hay avances os cuento.
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