a no ser que antes volases.
Una misma persona puede llegar
a pasar por tantas fases…
Pero los ángeles no, ellos no están acostumbrados.
Ellos surcan el cielo
y cuidan de los humanos.
Sin debilidades, ellos viven de los sueños,
pues éstos son las alas que les alzan en vuelo.
Pero los cielos fueron invadidos por vosotros.
La realidad cortó sus alas
y cambió sus rostros drásticamente.
Ahora quedan pocos
y caminan entre nosotros.
Añoran el volar y sus ojos
muestran lo que son: la madurez,
la inocencia, lo seguro, lo posible,
la prisa y la paciencia.
Una gran sabiduría en un cuerpo de niño,
pero aprender a caminar no es algo tan simple.
Para el que ya no tiene alas
es todavía más duro el camino.
Pero siguen intentando traer la justicia,
ya sin alas ni espada,
usan su sonrisa.
Pero si ya no entienden,
¿cómo van a hacer entender?
Si ya no creen,
¿cómo van a inculcar la fe?
Formaron parte de ese “algo” más allá de lo normal,
y ahora han de enfrentarse al mundo
siendo un mortal más.
Saben que no es justo,
el cielo será sólo algo más que recordar.
Ahora sienten el frío, el hambre y el sueño.
Y cuanto más sienten, son más humanos
y menos ángeles.
El mundo les absorbe, ahora tienen temores,
desde el cielo los colores eran distintos.
Se sienten solos, ya no tienen objetivos.
Cada vez más humanos, pero aún distintos.
Figuras solitarias en un bar con su vino,
acarician suavemente una pluma en su bolsillo.
Inexplicable nostalgia
cuando lanzan al cielo su mirada:
sueños sin sentido, tal y como lo recordaban.
Ya no son inmortales, y ahora que sienten el final
lejos de casa, aprenden a caminar
pero sin ganas de avanzar.
El tiempo les quita sentido
a cualquier sueño que tuvieran,
la sensación va cambiando
al caminar por la Tierra.
Montañas, bosques, mares,
todo eso antes eran estrellas…
Dejan de tener aquel impulso
que tenían de volar,
de extender sus alas, mirar arriba
y cerrar los ojos.
Sus almas se congelan cuando piensan por qué
se fueron sus alas,
¿quién querría verlos caer?
¿Quién se esforzaría en destruir lo que nadie tocó?
¿Por qué sólo dispararon?
Podría ser ira, rabia, tristeza o
tal vez envidia.
¡Eran ángeles!
Todo aquello ellos no lo entendían.
Pasa el tiempo y ya nunca miran hacia arriba,
olvidaron cómo era
pero siguen aferrándose a la vida.
Se sientan en una silla, todo está cuadriculado,
se encogen, miran el suelo y se quedan asustados.
Ya ni siquiera se acuerdan de cómo eran sus alas.
Se quedan quietos, tristes,
también fríos;
su destino queda ahora en manos de los niños
si es que alguna noche sueñan con angelitos.
Es genial...
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