9 de septiembre de 2012

Ciento sesenta y cuatro.

Es levantarse
una vez,
otra y otra.

Es caerse
sin viento.

Es temblar
sólo por dentro.

Es domingo
cada día,
y lunes
cada infierno.

Es un túnel
vertical,
angosto
y sin pared alguna.

Es otra vez lo mismo,
otra,
de nuevo:

caer,
sin red,
sola,
sin red,
con brazos
pero sin red.

No hay comentarios:

Publicar un comentario