4 de septiembre de 2012

Ciento sesenta y dos.

Ahora sí. Lo reconozco. Me costó horrores empezar a ver Juego de Tronos. La presión de la sociedad me obligó, muy lentamente, a deglutir, trozo a trozo, los cuatro primeros episodios. Que no estaban mal, pero como que de un tiempo a esta parte me cuesta mucho ponerme a ver cualquier cosa, aunque es algo que también viene y va… Pero como no soy un mono, como no me quiero ir por las ramas, sólo voy a hablar de Juego de Tronos.
 Tanto me costó ver esos cuatro primeros episodios, que me acabé autoconvenciendo de que Juego de Tronos, a todas las luces, estaba sobrevalorada (pasando mientras por unas fases que iban de la vergüenza por no haber visto la serie, a jactarme de no haberla seguido viendo). Tan gris me estaba resultando, que de hecho este post es resultado de la promesa que me hice de obligarme a acabar, al menos, la primera temporada, para poder hablar de lo poco que me había gustado y de lo sobrevalorada que me parecía.

¿Resultado? Cuatro meses para ver los cuatro primeros episodios (no la seguí en televisión) y cuatro horas para ver los cuatro últimos (no me jodáis, que sé que son diez capítulos, pero es que soy de Letras). Y, por supuesto, la segunda temporada va a caer del tirón.
Sí, es cierto. Tan grises me resultaron los cuatro primeros episodios, como magnífica me parece una vez que arranca, y hasta el final.

¿Y por qué me parecieron grises?

Estoy teniendo cuidado de usar esa palabra, “gris”, como algo neutro, no necesariamente malo. De hecho, la tentación es llamar a la serie lenta (que algo es, pero echad un vistazo a los libros y decidme si son cortos), pero inmediatamente eso de lento tiene connotaciones negativas, y estoy lejos de pensar que algo que lo sea, tenga obligación a ponerse la etiqueta de “no lo veáis, que os aburriréis y gastaréis de cincuenta a sesenta minutos de vuestras vidas”.

Pues sí, uso la palabra gris para describir el inicio de la serie. A pesar de que desde el primer instante todo brilla a gran altura. Insisto, todo. Vamos, creo que no hace falta mucho criterio para darse cuenta de ello: personajes, diálogos, actuaciones, diseño de producción, escenario… Sean Bean (Eddard Stark) es especialmente carismático, y la pantalla se llena cada vez que él aparece en pantalla (de ahí que en el último capítulo casi pegara al ordenador, cofcof). Y como él, tantos otros. Peter Dinklage en especial, amo a su personaje y es, con mucha diferencia respecto al resto, mi favorito. Un enano, ¡un enano!, mujeriego, rico y que, sin embargo, poco se parece a su familia, pues algo de corazón tiene (ya se verá, ya se verá) y que, por supuesto, su físico ha condicionado su personalidad pero sin complejos, lo que más me gusta. Además de que tiene unas frases orgasmeantes cojonudas  fantásticas.

Bueno, a lo que iba: ¿gris por qué? Pues es tan sencillo como que el género al que aparentemente se encamina la serie en ese primer tramo es el puro y duro culebrón (aparentemeeeeente, ¡dejad todavía mi cuello en paz!). De altos vuelos, pero culebrón. Algo que no me llama nada, nada la atención. Y especialmente cuando me la habían vendido como algo parecido a El Señor de los Anillos. Estrictamente estaba resultando lo que dice el título de la serie: el juego de tronos. Los trapicheos, las rastrerías, las puñaladas traperas… A resumidas cuentas, las mierdas de palacio, la historia, las moscas alrededor de un trono putrefacto, ¡y todo adornado con sangre y tetas! (y alguna que otra parte aparece más). ¿Esa es la serie de la que tanto se habla?

No.

Esos son los primeros episodios, que sólo sirven para colocar las piezas del tablero (nunca mejor dicho). Se toman su tiempo, y hacen bien. Se agradece, incluso. Porque luego la serie arranca. Y vaya tela…

(…)



Y ya está. Unas cuantas palabras ordenadas (o desordenadas, según vuestra filosofía de vida) para explicar por qué no había acabado hasta ahora de ver la serie (ojo, que aún me falta la segunda temporada). Aquí la tenéis, mi explicación, mi disculpa, eso es lo que quería decir. Porque es verdad, casi quiero vuestro perdón, aquellos que tanto me la recomendabais, que alguno me deis la razón y me digáis ‘sí, bueno, es verdad que los primeros episodios son un poco coñazo’ (pero siguen siendo buenos, ¿eh?). Porque hasta me jode haber tardado tanto en haberla visto. Y, de camino, que sirva de aviso para aquellos que aún no le han dado la oportunidad.

SÍ, JUEGO DE TRONOS ES TAN BUENA COMO DICEN.

A estas alturas ya no voy a decir nada nuevo sobre la serie, pero aquellos que aún estabais dudando si darle la oportunidad, dádsela, os la recomiendo. En lo que a mí respecta, iré a buscar los libros porque no aguanto hasta el año que viene. Y es, en estos casos, que agradezco tener un e-book en mi posesión.

Pero no quiero irme sin antes rememorar esto:
– ¿Cómo quieres morir, Tyrion, hijo de Tywin?
– Viejo, en la cama, con la barriga llena, una copa de vino en la mano y la polla en la boca de una doncella.
(Tyrion Lannister, el puto crack de la vida).

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