24 de octubre de 2012

Ciento setenta y cuatro.

La tendencia es clara. 
Lo bello, lo hermoso, lo feliz tiene átomos y sobre todo electrones. Al menos en mi universo. Lo duro, el dolor, lo que cierra la garganta es newtoniano. Tiene masa y qué fácil es cocinarla. Lo bello, lo hermoso, lo feliz es una barca, no sólo frágil sino atada al muelle con un hilo que de grueso no tiene nada. Recordarlo y disfrutarlo es tirar de ese hilo. Romperlo. Perdiendo la barca y condenándola a sucumbir en ese mar, que de tan embravecido parece noche cerrada y sin estrellas. Hoy no juego ni con palabras ni al escondite. Ni me sale ni es el día. Aunque cueste, abro los ojos, que total no hay sol que queme mis pupilas.

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