2 de enero de 2013

Ciento ochenta y uno.

Dulcinea… Venga, pasa, pasa.
Ha cambiado la decoración.
Sí, veo que te has fijado. Bien, bien, y siéntate. Fijarse en los detalles es muy bueno, y eso ya nos dice mucho de usted.
El amarillo no es que pase desapercibido…
Lo que sea. Yo también la veo cambiada, Dulcinea del Toboso.
Será usted que mira de forma distinta.
¿Cómo la voy a mirar?
Primero tendrá que abrir los ojos.
Los tengo muy abiertos…
He dicho los ojos.
Bueno, bien, vale; hablemos de la sociedad, ¿le parece?
Mal.
¿Qué?
Que me parece mal.
¿Ah, sí? ¿Por qué?
Porque la libertad es secreta.
Perdone… Mire, Dulcinea, esta vez vayamos al grano, ¿de acuerdo? No como la otra vez.
Nos dan libertad pero nos dicen cuándo usarla.
Eso es una contradicción.
Nos hablan de paz enseñándonos un arma.
¿Se siente oprimida?
¿Puede abrir la ventana?
Es invierno, Dulcinea, hace demasiado frío.
A eso me refiero.
Entiendo…
Gerundio.
¿Le gustan los juegos?
Los sexuales los que más.
—… Creo que no son esos de los que estoy hablando.
Juguemos.
Hay que definirse con una palabra.
¿Compuesta? Sacapuntas.
Una palabra que, a ser posible, crea que resuma su personalidad.
Empieza usted.
Yo no soy el que hace este test.
¡Predique con el ejemplo, oiga!
Profesional.
Y modesto.
Le toca.
Destornillador. Lechera. Aguafiestas. Auriculares. Botella.
Por favor… Tómeselo en serio.
No.
¿Cómo que no?
No. No. No.
¡Que eso me define! ¡¡No!!
¿Rebelde?
No.
Inconformista.
No.
¿Atrevida?
No.
Yo tengo una palabra que la definiría mejor, Dulcinea.
Seguro que no.
Única.
Seguro que no soy la única en el mundo.
Usted es única, diferente… Nadie se asemeja a usted ni en lo más mínimo.
No conoce a todas las personas. No le veo con esa capacidad de relación.
Para bien o para mal es especial y punto.
¿Me está tirando los tejos?
Profesional, ¿se acuerda? Profesional.
Tan sólo estoy…
¿Uhm?
Un corazón ennegrecido como el carbón. Un domador de frases. Un diablo de alma buena. Un ángel pícaro. Poseedor de la envidia infantil. Arquitecto de palabras.
Ni Dios ni Satán tendrán nunca noticias mías.
¿Qué hace?
Tan sólo estoy…
¿Y bien…?
Buf, vale, pasemos entonces a lo siguiente… Ha mencionado a Dios, ¿cree en él?
No, pero quiero darme el homenaje de hablar con él.
¿Cree que necesita un homenaje?
Por mi talento.
Talento, ¿eh? Algo innato.
Eso es lo que dicen.
¿Me lo niega?
No, en realidad puede que sea cierto. Pero riégalo a diario o habrá muerto.
Ya veo.
¿Última pregunta?
Todavía no se ha definido con una palabra.
¡Don Nadies fracasados casados con el insulto!
Vale… Puede irse, Dulcinea.
Tan sólo estoy… Tan sólo estoy…
Pensando en voz alta.

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