Lo difícil fue encontrarlo,
porque precisamente a la vista no estaba y, tanto tardamos, que llegamos tarde
a la charla que daban en el salón de actos. Entenderéis mi vergüenza al entrar
allí y sentir que todas las miradas se posan en mí y en mi madre, pero la
vergüenza se transformó en asombro al ver lo gigantesco que era ese sitio. Uhm,
quizás estoy demasiado mal acostumbrada, el salón de actos de mi instituto era
una hormiga comparado a eso. Mi madre y yo nos sentamos en una de las últimas
filas de butacas ocupadas; no había mucha gente, abundaban madres y escaseaban
padres, y también alcancé a distinguir a tres chicos.
Hablaba un tipo trajeado, tocó
todos los palos y contestó a todas las preguntas.
— Aquí, como somos un grupo
muy pequeño todavía y muy exclusivo, todos somos como una familia. Voy a citar
a la profesora de Latín (señaló a una chica joven de la primera fila) aquí los
alumnos son profesionales. No se pierde tiempo, porque los alumnos saben a lo
que vienen, se sientan y atienden, pero la cosa no acaba ahí. Los profesores se
molestan en acercarse a los chicos, cosa que en demás institutos públicos no
ocurre ni por asomo y, además, entre ellos hay mucho cariño fraternal. Bueno, y
no tan fraternal. Oh, sí sí, aquí hay amor. (Risa general).
Luego nos enseñó las
instalaciones. Dijo que como estaban en reformas de ampliación, no podríamos
ver ni el gimnasio ni la cafetería, pero yo me contenté con lo que vi: unas
clases enormes, pizarras digitales, ordenadores en todas las aulas (escondidos
en las cajoneras, tenías que dar a un botón y voilá. Flipante), frigoríficos y
microondas en la cocina de alumnos (sí, hay cocina de alumnos, cómo lo veis), unos laboratorios de física y química y biología
asombrosos (lástima que no los vaya a utilizar) y dos bibliotecas. El director
también nos presentó a dos profesores, además de la de Latín que lo hizo
indirectamente: al profesor de física (uno encorvado y con los ojos saltones,
muy joven) y al de matemáticas (el cual es igual a mi profesor de Sociales,
pero con gafas y un poco más gordito).
El director nos dio a cada uno
una hoja de preinscripción, pero antes de rellenarla mi madre tenía que
preguntar una cosa.
— Perdone, tenemos una duda
sobre los requisitos de admisión.
— Dispare.
— En la prueba del CDI, mi
hija sacó de media un 6’8 y…
— (Cara de “dolor” del director)
Bueno, en cualquier caso ¿qué quieres hacer? ¿Ciencias? (Se dirigió
directamente a mí).
— Eh, no. Letras.
— ¡Ah, bueno, entonces estás
más que dentro! Tienes que presentarte al examen de julio y ya está, a ver cómo
te sale, pero tú entras, te lo aseguro. ¿Y adónde vas, a Sociales?
— No, no. A Humanidades.
— ¿Letras puras? (asiento)
¿Letras puras puras? (vuelvo a asentir) ¡A ti te quiero conmigo! Rellena la
preinscripción pero ya, ni lo pienses.
— Bueno, bueno, gracias…
— ¿Has dado Latín?
— Qué va (fue mi madre la que
contestó).
— Hmpf, entonces te tienes que
presentar a Matemáticas en julio. Tienes que aprobar, ¿eh? Que aquí serás como
una más.
— Es que en el instituto en el
que está son más de Ciencias que de Letras, los dejan de lado, y más a ella que
lleva queriendo hacer Letras desde que estaba en Primaria, vaya.
— Eso es verdad — contestó el
profesor de Matemáticas, que estuvo allí en todo momento —. Si hay algo que en casi
todos los institutos ocurre, es que a los de Letras los tienen como los
segundones, los incapacitados para todo.
— Y aquí eso no ocurre ni
queriendo. Como los de Letras son menos, se los tiene más mimados. — contestó
el de Física.
— Y más por mí (rio el
director que, por lo que averigüé después, era el profesor de Griego).
— Y por mí si encima van a
Religión. — dijo otro señor, más mayor, medio riéndose. Mueca mía y mueca del
director, que vio en mi preinscripción que había tachado Religión.
Lo que sea, salí súper
contenta del lugar. Ahora solamente falta empollar para julio. Solamente eso.
Suerte ;-)
ResponderEliminarGrasiah. ^^
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