19 de abril de 2013

Ciento noventa y nueve.

Ayer, nada más salir del colegio, sin haber pasado por casa ni nada (de comer un bocadillo de lomo y tirando, ea), fui directa a Madrid para ver lo del Bachillerato de Excelencia. Salí contentísima de allí.

Lo difícil fue encontrarlo, porque precisamente a la vista no estaba y, tanto tardamos, que llegamos tarde a la charla que daban en el salón de actos. Entenderéis mi vergüenza al entrar allí y sentir que todas las miradas se posan en mí y en mi madre, pero la vergüenza se transformó en asombro al ver lo gigantesco que era ese sitio. Uhm, quizás estoy demasiado mal acostumbrada, el salón de actos de mi instituto era una hormiga comparado a eso. Mi madre y yo nos sentamos en una de las últimas filas de butacas ocupadas; no había mucha gente, abundaban madres y escaseaban padres, y también alcancé a distinguir a tres chicos.
Hablaba un tipo trajeado, tocó todos los palos y contestó a todas las preguntas.

— Aquí, como somos un grupo muy pequeño todavía y muy exclusivo, todos somos como una familia. Voy a citar a la profesora de Latín (señaló a una chica joven de la primera fila) aquí los alumnos son profesionales. No se pierde tiempo, porque los alumnos saben a lo que vienen, se sientan y atienden, pero la cosa no acaba ahí. Los profesores se molestan en acercarse a los chicos, cosa que en demás institutos públicos no ocurre ni por asomo y, además, entre ellos hay mucho cariño fraternal. Bueno, y no tan fraternal. Oh, sí sí, aquí hay amor. (Risa general).

Luego nos enseñó las instalaciones. Dijo que como estaban en reformas de ampliación, no podríamos ver ni el gimnasio ni la cafetería, pero yo me contenté con lo que vi: unas clases enormes, pizarras digitales, ordenadores en todas las aulas (escondidos en las cajoneras, tenías que dar a un botón y voilá. Flipante), frigoríficos y microondas en la cocina de alumnos (sí, hay cocina de alumnos, cómo lo veis), unos laboratorios de física y química y biología asombrosos (lástima que no los vaya a utilizar) y dos bibliotecas. El director también nos presentó a dos profesores, además de la de Latín que lo hizo indirectamente: al profesor de física (uno encorvado y con los ojos saltones, muy joven) y al de matemáticas (el cual es igual a mi profesor de Sociales, pero con gafas y un poco más gordito).

El director nos dio a cada uno una hoja de preinscripción, pero antes de rellenarla mi madre tenía que preguntar una cosa.

— Perdone, tenemos una duda sobre los requisitos de admisión.
— Dispare.
— En la prueba del CDI, mi hija sacó de media un 6’8 y…
— (Cara de “dolor” del director) Bueno, en cualquier caso ¿qué quieres hacer? ¿Ciencias? (Se dirigió directamente a mí).
— Eh, no. Letras.
— ¡Ah, bueno, entonces estás más que dentro! Tienes que presentarte al examen de julio y ya está, a ver cómo te sale, pero tú entras, te lo aseguro. ¿Y adónde vas, a Sociales?
— No, no. A Humanidades.
— ¿Letras puras? (asiento) ¿Letras puras puras? (vuelvo a asentir) ¡A ti te quiero conmigo! Rellena la preinscripción pero ya, ni lo pienses.
— Bueno, bueno, gracias…
— ¿Has dado Latín?
— Qué va (fue mi madre la que contestó).
— Hmpf, entonces te tienes que presentar a Matemáticas en julio. Tienes que aprobar, ¿eh? Que aquí serás como una más.
— Es que en el instituto en el que está son más de Ciencias que de Letras, los dejan de lado, y más a ella que lleva queriendo hacer Letras desde que estaba en Primaria, vaya.
— Eso es verdad — contestó el profesor de Matemáticas, que estuvo allí en todo momento —. Si hay algo que en casi todos los institutos ocurre, es que a los de Letras los tienen como los segundones, los incapacitados para todo.
— Y aquí eso no ocurre ni queriendo. Como los de Letras son menos, se los tiene más mimados. — contestó el de Física.
— Y más por mí (rio el director que, por lo que averigüé después, era el profesor de Griego).
— Y por mí si encima van a Religión. — dijo otro señor, más mayor, medio riéndose. Mueca mía y mueca del director, que vio en mi preinscripción que había tachado Religión.

Lo que sea, salí súper contenta del lugar. Ahora solamente falta empollar para julio. Solamente eso.

2 comentarios: