11 de junio de 2013

Doscientos cinco.

Profesor: La vida es un juego. Este país ya no sirve para nada. Así que la lección de hoy es que os matéis unos a otros.

Era un día más de mi vida normal, un día de excursión con la clase, todo perfecto, nada malo podía pasar. El autobús iba repleto y el viaje era largo, cerré mis ojos a la mitad del trayecto y me dormí. Desperté en una habitación, en una clase, todos juntos, y con soldados a nuestro alrededor. Todos llevábamos una especie de collar que no recordábamos nunca habernos puesto. Nuestro profesor decía algo de matarnos los unos a los otros en una isla desierta, y que si no lo hacíamos, nos explotaría la cabeza. Esa era la función de los collares.
Me dieron una bolsa con un arma y me sacaron a empujones de la sala.

Profesor: Mata o muere. No tienes otra opción. Suicídate si quieres, pero no aceptamos rendiciones. Tu novia, tu novio o tus amigos no van a dudar: sólo puede quedar uno. De banda sonora, al salir, tendréis gritos y disparos. ¿Te gustaría que hubiese otra forma? Es inútil, para de llorar. Mata… o muere.

Al salir, no sé qué arma me puede tocar y tampoco sé en quién puedo confiar. Desde la puerta veo a alguien apuntándome: es el chico del que nos burlábamos en la clase. Consigo escaparme gracias a la suerte de un dado, me escondo en el bosque y me acurruco bajo un árbol.
—Me niego a matar. —digo tras poderme controlar—. Aunque al final mataré, por defensa personal.
Un amigo me pide si puede ir conmigo. La desconfianza ya ha hecho mella en mí: sólo lo hace para asesinarme mientras esté dormida. O quizás tenga suerte, quizás, al fin y al cabo, sea un grupo fiel de amigos… O quizás alguno es un traidor y nos haya vendido.
Entonces un megáfono anuncia los nombres de los caídos y me alejo todo lo que puedo de ellos, evitando las zonas de peligro.

— Sé que me persiguen y que el tiempo se acaba. Pero no tengo qué temer, porque ya perdí mi alma. Encarar a la muerte ya no es nada nuevo. 

7 comentarios:

  1. Está muy bien, incluso se parece un poco a los juegos del hambre

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  2. En realidad me he basado en la película de Battle Royale, que es la que tanto se parece a los Juegos del Hambre.

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    1. ¿Y cómo es? ¿Tiene casi la misma trama que lo que has escrito?

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    2. Sí, es la misma trama. Es una película japonesa (o sea, sangrienta), así que si te va lo gore, ya sabes.

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  3. Yo creo que con clorato cálcico podríamos abrir los collarines y lanzarlos contra el profesor, creando una reacción nuclear que abriría un agujero en el tiempo. Así, podremos viajar al pasado para crear a los pokemones y lanzar a pikachu para que luche contra el malvado Voldemort.

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  4. Nada más leer el primer párrafo he reconocido el gran parecido con Battle Royale. Pero esas últimas líneas son lo que más me ha gustado.

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