7 de agosto de 2013

Doscientos once.

Escucha cómo llora el viento y las nubes discuten en forma de tormenta. Nota cómo la tierra tiembla y los animales se agazapan. Siente cómo el tiempo desiste y se esconde sin decir nada…

Porque la magia ha muerto en la mirada de una niña asustada y paralizada: vio a su padre llorando entre la sangre roja de...
—Papá, ¿por qué gritabas? ¿Y qué le pasa a mamá?
—Niña vete a tu cuarto, todo se arreglará. Enciérrate y no salgas hasta que yo te lo diga.
—Pero papá, ¿por qué mamá…?
—¡No pasa nada! ¡Enciérrate en tu cuarto! No me hagas enfadar, no me hagas repetirlo.
—Pero papá…
—¡Joder, niña, que obedezcas! ¡No me des razones para darte de ostias, tira al cuarto y deja ya de hacer preguntas! Tu madre y tú, joder, es que a veces sois estúpidas… Os lo ganáis a pulso, ¡yo tengo que educaros!

Se oyen las sirenas de patrullas y ambulancias. “Un padre entre rejas, una niña malherida y otra mujer que perdió la vida”, sólo son palabras en el diario de mañana, y como mucho algún lector que derrame alguna lágrima. Una familia rota, unos padres sin su hija y una abuela sin su nieta que ya se cuestiona seguir en este mundo.
¿Cómo explicar el dolor o la impotencia? Por favor, por favor, que alguien le pida a Dios que retroceda y tenga piedad.
Nada sirve, el dolor lo invade todo. Un destino canalla. Quieren cambiar el pasado pero no saben cómo.

El abuelo lleno de ira lleva a su nieta con su tía y decide hacer justicia: el día del juicio consigue pasar una pistola; la empuña, apunta… y le dispara. ¡La gente grita! Los vigilantes desenfundan y ordenan:
—¡Tira el arma! —Pero él no escucha, dispara y dispara; matando al asesino, sólo así, conseguirá su venganza…
Los vigilantes le abaten a tiros. Hubo dos muertos y tres heridos.

A la niña la criaron entre la abuela y la tía, pero nunca volvió a hablar desde aquella vez. Ni una palabra, ni una risa, ni una lágrima; su mente parecía estar siempre en blanco. No tuvo amigos, sólo el resultado de una vida arrebatada. El silencio se hizo fuerte matando a la palabra.


Escucha cómo llora el viento y las nubes discuten en forma de tormenta. Nota cómo la tierra tiembla y los animales se agazapan. Siente cómo el tiempo desiste y se esconde sin decir nada…

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