16 de diciembre de 2013

Doscientos veinticinco.

Ambos estaban jugando con fuego. Parecía, sin embargo, como si no les importase en absoluto a ninguno de los dos, como si estuvieran negando toda señal de peligro. La llama crecía, la temperatura subía, el peligro se acrecentaba… Pero ellos seguían ahí quietos, frente a frente, intentando camuflar gestos de cariño en simples caricias de tranquilidad, en una amistad que dejó hace tiempo de serlo. 

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