(DES)AMOR, 1ºPARTE: LAS CAUSAS PERDIDAS.
De todos es sabido que las
causas perdidas son las más atractivas y satisfactorias, pero ¿por qué es así
realmente? Es decir, ¿quién tiene el derecho de decidir qué es y qué no es una
causa perdida para alguien que no es él mismo?
Suele pasar que, en nuestra
búsqueda de ayuda o simplemente desahogo con los demás, no escuchemos lo que
esperábamos y que nos aconsejen desistir en nuestros esfuerzos por conseguir
una meta aparentemente imposible. Si llegas hasta ahí y, a pesar de todo,
decides seguir adelante, para los demás eres un loco o un suicida, pero da la
extraña casualidad de que para uno mismo somos algo parecido a héroes locos,
pero de los buenos, de los que persiguen un sueño, de los que ponen todo lo que
está en su mano para ello, de esos locos de los que pocos quedan ya fieles a sus
principios…
Evidentemente no hablo de otra
cosa sino del amor, porque lo que para el resto de gente podría ser la
autodestrucción (y aunque tuvieran razón), para aquel capaz de aguantarlo no es
más que otra batalla en esta gran guerra cuya victoria no es conquistar un
territorio sino, lo que no es lo mismo, ganárselo.
¿Por qué sigo con este empeño?
¿Acaso no veo que no saldrá nada de aquí salvo dolor y daño para mí?
Este tipo de preguntas a las que nos enfrentamos constantemente los enamorados empedernidos, que no tienen otra respuesta salvo una sonrisa mientras nos encogemos de hombros, son las que nos hacen, inconscientemente, reforzar nuestras defensas y llenarnos de esperanzas. Muy irónico todo.
Este tipo de preguntas a las que nos enfrentamos constantemente los enamorados empedernidos, que no tienen otra respuesta salvo una sonrisa mientras nos encogemos de hombros, son las que nos hacen, inconscientemente, reforzar nuestras defensas y llenarnos de esperanzas. Muy irónico todo.
Entiendo que tengan razón
cuando dan esos consejos, pero eso no significa que vaya a dejar de ignorarlos.
Eso sí, cuidado, no podemos pretender soportar más de lo que somos capaces,
aunque lo cierto es que hay que llegar al límite (incluso sobrepasarlo) para
darse cuenta de ello.
¿Qué ocurre cuando hay en
juego algo más que un simple desengaño?
Muchos lo sabréis por
experiencia, otros lo supondréis… Pero de cualquier modo, ahora no es el
momento de contaros cierta historia que, sin duda, algún día veréis por aquí.
Vayamos por partes…
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