28 de diciembre de 2013

Doscientos veintiséis.

(DES)AMOR, 1ºPARTE: LAS CAUSAS PERDIDAS.

De todos es sabido que las causas perdidas son las más atractivas y satisfactorias, pero ¿por qué es así realmente? Es decir, ¿quién tiene el derecho de decidir qué es y qué no es una causa perdida para alguien que no es él mismo?
Suele pasar que, en nuestra búsqueda de ayuda o simplemente desahogo con los demás, no escuchemos lo que esperábamos y que nos aconsejen desistir en nuestros esfuerzos por conseguir una meta aparentemente imposible. Si llegas hasta ahí y, a pesar de todo, decides seguir adelante, para los demás eres un loco o un suicida, pero da la extraña casualidad de que para uno mismo somos algo parecido a héroes locos, pero de los buenos, de los que persiguen un sueño, de los que ponen todo lo que está en su mano para ello, de esos locos de los que pocos quedan ya fieles a sus principios…

Evidentemente no hablo de otra cosa sino del amor, porque lo que para el resto de gente podría ser la autodestrucción (y aunque tuvieran razón), para aquel capaz de aguantarlo no es más que otra batalla en esta gran guerra cuya victoria no es conquistar un territorio sino, lo que no es lo mismo, ganárselo.

¿Por qué sigo con este empeño? ¿Acaso no veo que no saldrá nada de aquí salvo dolor y daño para mí? 

Este tipo de preguntas a las que nos enfrentamos constantemente los enamorados empedernidos, que no tienen otra respuesta salvo una sonrisa mientras nos encogemos de hombros, son las que nos hacen, inconscientemente, reforzar nuestras defensas y llenarnos de esperanzas. Muy irónico todo.
Entiendo que tengan razón cuando dan esos consejos, pero eso no significa que vaya a dejar de ignorarlos. Eso sí, cuidado, no podemos pretender soportar más de lo que somos capaces, aunque lo cierto es que hay que llegar al límite (incluso sobrepasarlo) para darse cuenta de ello.

¿Qué ocurre cuando hay en juego algo más que un simple desengaño?

Muchos lo sabréis por experiencia, otros lo supondréis… Pero de cualquier modo, ahora no es el momento de contaros cierta historia que, sin duda, algún día veréis por aquí.

Vayamos por partes…

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