29 de marzo de 2014

Ciento treinta y cuatro.

—Así funciona el amor: siempre hay depredadores y depredados —dijo con una sonrisilla que me imaginé, ya que lo único que podía ver de ella era su espalda al bajar por las escaleras.
—Como parte depredada que soy, ahora mismo te odio. —Le seguí la broma utilizando el mismo tono irónico que ella.
Se giró para mirarme y sonrió.
—¿Tú parte depredada? Yo creo que eres todo lo contrario.
—No, créeme. He sido más depredada que las cebras en los documentales de La 2.
—No, créeme tú. —El sarcasmo desapareció, al igual que la sonrisa de su cara. Mientras que los transeúntes no dejaban de pasar por nuestro lado, ella se acercó todavía más a mí y con voz cómplice me dijo—: Es demasiado fácil enamorarse de ti.

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