Llegas a un punto en el que,
desde el cuarto de baño,
le pides a tu novia que te
traiga un salvaslip.
Ya la confianza os hace reíros
de las ventosidades
o usar la ropa interior de la
otra cuando os ducháis en su casa
y no lleváis muda limpia.
Habéis recorrido tantos
kilómetros juntas
que la carretera sabe cuándo
os agarráis la mano
en la palanca de cambios,
o que la derrota tuerce los
cuerpos
y los acerca a la ventanilla.
También sabe del acelerar de
las discusiones.
Sin embargo,
esa suma que se une a
conversaciones y más vueltas de reloj,
a veces,
no son suficientes.
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