1 de marzo de 2014

Ciento treinta.

Llegas a un punto en el que, desde el cuarto de baño,
le pides a tu novia que te traiga un salvaslip.

Ya la confianza os hace reíros de las ventosidades
o usar la ropa interior de la otra cuando os ducháis en su casa
y no lleváis muda limpia.

Habéis recorrido tantos kilómetros juntas
que la carretera sabe cuándo os agarráis la mano
en la palanca de cambios,
o que la derrota tuerce los cuerpos
y los acerca a la ventanilla.
También sabe del acelerar de las discusiones.

Sin embargo,
esa suma que se une a conversaciones y más vueltas de reloj,
a veces,

no son suficientes.

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