21 de marzo de 2012

Cincuenta y cinco.


Estoy pagándolo con todos.
Todo. TODO me sale mal.
Tengo al lado a mi gato. Está durmiendo. Mírale, ahí, todo relajadito. Después de acabar esto le voy a coger, me lo voy a poner encima, y me dormiré con él.

Pero todo me sale mal.

Seguramente se le quitará el sueño y no podré echarme la siesta, que tanta falta me hace.
Anda, acaba de despertarse. Ha sido mi padre, que ha estornudado. Ya, ya se vuelve a echar. Qué tranquilito se le ve. Qué envidia me da.

Joder, ¿por qué todo me sale mal?
Esta semana estoy peor que la pasada, si hasta me lo pasaba bien con tantos exámenes. ¿Pero ésta? Un auténtico suplicio. Todo me sale mal. Ayer me levanté y dije:
- Ah, por fin martes. Con lo que me aburro sola en casa, por fin ya es martes – Sí, soy rara, me gusta(ba) ir a clase –.
Pero nada, un día de perros el de ayer.


Y ya hoy, tras haber conseguido conciliar el sueño la noche antes con la maldita lluvia peleándose con el aparato del aire acondicionado, lo mismo. 
En fin, pues nada, supongo que una racha mala la tiene cualquiera.

Pero la pienso pagar con todo aquel que se me cruce por delante.




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