21 de marzo de 2012

Cincuenta y seis.


Ventana, ahora me caes mal, que lo sepas.
 No me hablas. Me escuchas, pero no me hablas. Me siento mal. ¿Pasas de mí, ventana? Hoy te he hablado y me has echado de mi propia habitación. ¿Por qué, ventana? Si he hecho algo que te haya sentado mal, vienes y me lo explicas.
Ventana, sigues sin hablarme. Joder, ventana. Con lo que yo te he querido, no me hagas esto. Nos vemos siempre, día sí y día también, pero ahora pasas de mí. De mí y de cualquiera. Te necesito, ventana, compréndelo. Es penoso pero, si no, ¿con quién me voy a quejar yo ahora?
Has conocido a otros pájaros que te caen mejor que yo, es eso, ¿verdad? Ventana, necesito hablarte. Y también necesito consejos. Pero como no hablas… O a lo mejor me los dices pero yo no los entiendo. Dime que es eso, ventana. Me sigues haciendo caso, ¿verdad?

Bueno, pues como que me sigues escuchando, te voy a decir una cosa:
Ventana, ahora me caes mal, que lo sepas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario