Ventana,
ahora me caes mal, que lo sepas.
No me hablas. Me escuchas, pero no me hablas. Me
siento mal. ¿Pasas de mí, ventana? Hoy te he hablado y me has echado de mi
propia habitación. ¿Por qué, ventana? Si he hecho algo que te haya sentado mal,
vienes y me lo explicas.
Ventana,
sigues sin hablarme. Joder, ventana. Con
lo que yo te he querido, no me hagas esto. Nos vemos siempre, día sí y día
también, pero ahora pasas de mí. De mí y de cualquiera. Te necesito, ventana,
compréndelo. Es penoso pero, si no, ¿con quién me voy a quejar yo ahora?
Has
conocido a otros pájaros que te caen mejor que yo, es eso, ¿verdad? Ventana,
necesito hablarte. Y también necesito consejos. Pero como no hablas… O a lo
mejor me los dices pero yo no los entiendo. Dime que es eso, ventana. Me sigues
haciendo caso, ¿verdad?
Bueno,
pues como sé que me sigues
escuchando, te voy a decir una cosa:
Ventana,
ahora me caes mal, que lo sepas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario