18 de marzo de 2012

Cuarenta y ocho.

Si existen fuerzas divinas,
¿por qué sufre tanto el hombre?
Si fuera Dios, castigaría a la Iglesia por las muertes cometidas en mi nombre,
por la pederastia de esas bestias con sotana y uniforme.

Si fuera presidente, cumpliría lo prometido.
Exigiría que la ley tratara igual al rey y al mendigo.
Estaría comprometida contra el desastre climático,
el lastre del capitalismo y de un planeta asmático.

Y si fuera policía no haría uso del abuso nunca.
Sabría escuchar sin sospechar de cada intruso.
Mi placa traería el orden y no el miedo.
No sería otro cabrón que te obliga a morder el suelo.

Vuelo y mi consuelo es verme libre, igual que una niña pequeña,
porque si fuera madre le hablaría con cariño.
Le diría que estaría orgullosa de ella pase lo que pase,
que la vida es corta y sea feliz.
Que aunque fracase, no desista.

Ah, ¿y qué pensarías de mí si fuera un terrorista?
¿Por qué imponer mi ideología a otros puntos de vista?
Si la violencia armada no conduce a nada,
Solo a ver la sangre de inocentes derramada en la calzada.

Me pregunto, ¿quién lloraría si yo fuera un difunto?
Si fuera libre.
Si estuviera más allá de este sistema absurdo y de las rejas invisibles de mi mundo.

Si fuera… si estuviera en otra piel,
lejos de esta esfera…

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