6 de marzo de 2012

Veintiocho.

Ya ha pasado. Inspira.
Ya ha pasado lo peor. Expira.
Tranquila, solo te quedan siete exámenes más. Tose.

Qué agobio tengo, ventana. Sí, he escrito ventana. ¿Qué? La ventana me habla. Vosotros no me habláis, ¿no? Pues la ventana sí. Y mira, si también escucha. Qué bien, es todo lo contrario a vosotros: ella atiende más que habla. Me gusta que me escuches, ventana.
Bueno, como te decía, ventana: tengo un agobio impresionante. ¿Tú no? Lo que daría por ser ventana ahora mismo, te envidio. Piénsalo: ¿qué haces tú a lo largo del día? Yo voy al instituto, hago deberes, atiendo en clase, me río, vuelvo a atender, vuelvo a hacer deberes, llego a casa, como, hago deberes, estudio, estudio, estudio, me ducho, ceno, preparo los libros, voy al ordenador, veo la tele, leo y me duermo. Tú ves al Sol salir, le saludas, hablas con los pájaros, te quedas mirando el tren durante horas, luego miras el tráfico, vuelves a hablar con los pájaros, dices adiós al Sol, hola a la Luna, charlas con la Luna, le cuentas tus penas, ella te mima, mi madre te baja la persiana, das las buenas noches a los pájaros y te duermes.

Ventana, te envidio.
Ventana. ¡Ventana! ¡¡Ventana!!
Hija de puta, se ha dormido.

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