25 de abril de 2012

Noventa.

Esta entrada va a hacer contraste con la última. Sólo digo eso.

Aunque ya me esté cansando de escribir sobre lo mismo una y otra y otra vez, debo hacerlo, porque si no lo hago, exploto. De nuevo, voy a hablar de los dos personajes de hace unas cuantas entradas: la Señora House y la Discípula House (sí, le he cambiado el apodo).

Bien. Pues allá vamos. A ver.

Joder, qué difícil es decirlo todo sin ponerlas verdes.

Después del recreo de la una y media, los de 3º de ESO tendríamos que hacer Educación Física, pero esta vez nos hemos librado. Y todo gracias a la obra de Francés (en la cual haremos un ridículo impresionante) del viernes. Cabe destacar que los únicos que nos hemos librado hemos sido los que damos esta lengua, por si no se había notado. La profesora estaba en el comedor, por lo que nosotros hemos estado una hora completamente solos en el aula. Nos hemos puesto a grabar, a reñir un poco con los que no querían hacerlo, a intentar que Tocaya no llore otra vez por a saber qué, y un largo etcétera… En fin. Ya prácticamente era la hora de que se terminase Educación Física, pero aún así seguíamos solos.

Tocaya, el Rubio y G se habían largado, por lo que sólo quedábamos Delac, O y la tocaya de la Discípula de House. Estábamos tan tranquilos intentando grabar una escena (tranquilos del todo no, porque anda que no llevábamos tiempo para que la última que he nombrado pronunciase bien) y de pronto aparece (suenan tambores) la Señora House y la Discípula de ésta.

- ¡Uy, pero qué responsables! ¡Si estáis solos! – dice esta última.
- Cualquiera lo diría. Estoy con un examen de 4º y ni los he notado. Qué barbaridad. – contesta la Maestra Kenobi House.
- ¿Y qué estáis haciendo? A ver, a ver… - meten las narices (y los rizos) en el ordenador de O, que se aparta un poco para dejarlas ver. Sinceramente, creo que necesitan gafas. Quizás se las deje algún día.
- Es por lo de la obra de pasado mañana de Francés, que estamos terminando de darle los últimos retoques. – contesta O.

Y de repente, la conversación, no sé cómo, toma un giro de 360º y acabamos hablando, como quien no quiere la cosa, de los resultados de la hoja de recomendaciones de ayer, ¿recordáis? Pues sí, de esa. La Señora House va preguntando (dejándome a mí la última) qué camino cogeremos en 4º de la ESO. La típica pregunta: ¿Ciencias o Letras? ¿Itinerario A o B? Los tres que estaban conmigo (los que he dicho antes), iban a Ciencias, al itinerario A.

- Pero Midons a B, ¿o no? – yo asentí, demasiado inocente para lo que se me venía encima.
- ¡Pero ella sabe perfectamente que podría ir a Ciencias! – y dale. Otra vez con “Puedes ir a Ciencias, puedes ir a Ciencias…”
- Sí. Pero me gustan las letras. – contesto yo, todavía inocente…
- Lo que no me gusta de ella es el desprecio que le tiene a las matemáticas. – empieza la Señora House. – Ayer cuando estábamos hablando de lo de los itinerarios, la expliqué para que se le grabara en la cabeza que no se va a librar nunca, y cuando digo nunca es nunca, de las matemáticas. Pero ni en 4º, ni en 1º de Bachillerato. ¡Ni siquiera en la Universidad!
- Si eso ya lo sabí…
- No me gusta nada el desprecio que le tiene a mis matemáticas. – repite. Todo esto con su Discípula al lado asintiendo. – Te vas por Letras, pero no porque redactes bien, te expreses de maravilla o escribas como Cervantes, sino porque quieres librarte de Ciencias.

Momento de verdadero shock. ¿Cómo? Pero cómo me voy a ir a Letras por eso, tontaina. Si me voy a donde me voy, es porque me gusta. ¿Entiendes? Me gusta. Yo no odio las matemáticas, ni mucho menos. Me gusta la Lengua. O la Literatura. Vamos a ver si ahora por irme yo a B tengo que ser la negada en matemáticas, la que no sabe sumar y la que las odia. ¿Pero cómo voy a odiar algo que es imprescindible en la vida? Otra cosa es que no me guste (ojo, que no digo odiar) la profesora que imparte la asignatura.

Pero, claro, estaba demasiado paralizada como para contestar. Y quizás debería haberlo hecho. Quizás me debería haber levantado y haberlas dicho todo esto que estoy escribiendo (con su educación, por supuesto); pero ellas, teniéndome a mí delante, seguían hablando de mí. Y de mi decisión. Poniendo en duda mis capacidades por los números e, incluso, mi futuro en el camino que he elegido desde ya. ¿Pero a ellas qué cojones (con perdón) les importa? A ver si voy a coger complejo y al final me voy a tirar por Ciencias. Oh, no, ya les gustaría.

Una mierda.

Bien. Pues me quedé con las ganas de mostrar mi desacuerdo sobre lo que acababan de decir. Pero se fueron y ahí me dejaron, con una cara de pasmo total. Y con un Delac y una O mirándome con miedo, como si tuvieran que echar a correr en ese momento y agarrarme para que no les mandase a la mierda a las dos. Aunque a la mierda, o a mi casa, me iría yo si lo hiciera, con un papelito que tendría que firmar mi madre. Así que, como a mi madre esto de hacer autógrafos no se le da bien, no le haré pasar un mal rato.

Bueno, pues me aguanté. Pasó la hora de Francés, terminamos de editar la obra y, luego, nos metimos en (suenan tambores, esta vez de miedo) Tutoría. Estaba la Discípula hablando de… ¿móviles? Sí, creo que era eso. No sé. Como ella dijo una vez, yo sólo la miraba intensamente planeando su asesinato. Y ella se dio cuenta de mi enfado.

- ¿Qué te pasa, Midons? Que te veo un poco cabreada, ¿no?
- Luego hablo contigo. – así tal cual que se lo dije.
- Pero no te enfades, ¡que estás muy fea!

No faltó el corrillo de clase que intentaron averiguar por qué quería hablar con la Discípula de la House.

Llegó el final de clase. Y, por tanto, de dejar de escuchar el monólogo sobre el Nokia Lumia. Maravilloso, es maravilloso; el mejor móvil de la historia. ¡Es mejor que los iPhone, a dónde va a parar! Creía que se iba a quedar en el aula para hablar conmigo, pero ella fue al pasillo. Bueno, pues hablaremos en el pasillo.

Cogí la mochila y el abrigo, y fui con ella.
- A ver, ¿qué querías?
- Que lo de antes me molestó. – ella empezó a andar hacia su despacho, con la quinta puesta. – Lo de la Señora House.
- Ah, ya… ¡Bueno, pero que no importa! - ¿Cómo no va a importar? ¡No te importará a ti!, pensé. – No te lo tomes a mal, Midons. Tómatelo como un consejo.
- ¿Un consejo de qué?
- Pues un consejo para elegir lo mejor para ti. – ya estábamos en la puerta de su despacho. Me dieron ganas de parar y gritarla: ¿Hablamos o no? Párate de una maldita vez, joder. Pero, sin embargo, tampoco tenía ya tantas ganas de increparla sus comentarios y los de su Maestra.
- Pero es que yo ya he elegido lo que, creo, es mejor para mí. Y es igual elegir una u otra. No por eso voy a fracasar, ¿no?
- Ya. Si ya… - entra al despacho a recoger el bolsito de las narices. – Bueno, que tengo que recoger a mi hijo, a ver si hoy ha comido bien o qué.

¿Pero qué coj…?
¿Comer?
¿Hijo?
¿Recoger?
¿¡Bien!?

Sigue pasando de mí, maja. Pero luego no vengas con tu Maestra House a despreciar el itinerario que he escogido. Porque me siento muy orgullosa y lo seguiré estando a pesar de toda la mierda que digas de las letras. 

2 comentarios:

  1. Víboras... Hoy no las pienso mirar a la cara. Porque en el fondo yo también tengo algo de Letras en mí. :)

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